Uniendo religiones divididas

Un análisis comparativo entre el kirguís Jakyb y el Jacob Bíblico

TEXTO DE RICHARD HEWITT, ESCRITOR

Jacob y Jakyb son dos personajes diferentes de dos obras épicas distintas. De acuerdo con la Torá, el profeta Jacob es hijo de Isaac y nieto de Abraham. El padre del gran héroe kirguís Manás es Jakyb.

Los escritos judíos, cristianos y musulmanes indican que el profeta Jacob era padre de doce tribus. Alrededor del s. XVII AC esas tribus formaron una confederación en Egipto que perduró hasta el s. X AC, cuando diez de las tribus del norte se separaron de las otras dos, dejando aparte a Judá y Benjamín, antepasados de los modernos judíos. En dos siglos, Asiria capturó las diez tribus del norte. Actualmente existe una controversia sobre el destino de esas tribus. Algunas informaciones sobre ellas han dado paso a diversas fantasías religiosas durante siglos.

El Jacob bíblico vivió, probablemente, hace alrededor de 3.700 años. Jakyb, sin embargo, es una figura legendaria cuya vida ha sido recreada en el poema épico ManasTanto Jacob como Jakyb eran líderes nómadas que trasladaban sus pequeños clanes de un lugar a otro.

Jakyb, padre del héroe nacional kirguís Manás

Hijos asesinos

Nuestro primer análisis se centrara en las personalidades de ambos personajes. La esencia de la naturaleza inestable de Jacob parece reflejar el carácter vacilante de Jakyb. La Torá refleja a Jacob como un hombre habitualmente consumido por la autocompasión. Jakyb no es muy diferente. Ambos no dejan de lamentarse por su seguridad mientras sus hijos matan “paganos”. Los hijos de Jacob, Simeón y Leví atacan una ciudad hitita matando a todos los hombres que viven en ella. Jacob se lamenta de ello y acusa a sus hijos:

Entonces Jacob les dijo a Simeón y Leví: «Ustedes me han creado un gran problema. Me han hecho odioso a los cananeos y ferezeos, habitantes de esta tierra. Con los pocos hombres que tengo, ellos se juntarán contra mí y me atacarán, y yo y mi casa seremos destruidos.»

El lamento de Jacob se refleja en el reproche de Jakyb hacia su hijo por matar “paganos”:

Nos has arruinado con tu acción

El pueblo de Kitai y el manchú se vengarán

Y caerán sobre nuestro ordo

Causarán nuestra ruina

Has causado un desastre

Éramos uno con los kalmukos,

Altay ha sido nuestro hogar

Así se lamentaba el bai Jakyb

Lleno de odio y rabia

Mentiras

La propia biblia señala a Jacob como mentiroso:

Cuando se cumplieron sus días para que diera a luz, resultó que en su vientre había gemelos. El primero en salir era rubio y todo velludo; y le pusieron por nombre Esaú. Después salió su hermano, con la mano aferrada al talón de Esaú; y le pusieron por nombre Jacob. Isaac tenía sesenta años de edad cuando ella los dio a luz.

Jacob significa “suplantar”, ocupar el lugar de otro a través de la fuerza o el engaño. Otro texto bíblico dice:

Esto nunca antes lo habías oído ni conocido; antes de ahora no se había abierto tu oído, pues yo sabía que eres desobediente. Por eso te he llamado “rebelde desde antes de nacer”.

Jakyb tiene una reputación similar. Su naturaleza se descubre cuando intenta engañar a su propio nieto Semetei e intenta impedir que se convierta en rey. Jakyb se esfuerza por socavar la posición de Semetei. En la versión bíblica, Jacob engaña a su padre y suplanta a su hermano mayor:

Un día, cuando Isaac ya era anciano y sus ojos se le habían nublado hasta perder la vista, llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo: «¡Hijo mío!» Y Esaú respondió: «¡Aquí estoy!» Isaac le dijo: «Mira, ya soy viejo, y puedo morir en cualquier momento. Así que toma tus armas, es decir, tu aljaba y tu arco, y ve al campo y caza algo para mí; hazme luego un guisado, como a mí me gusta, y tráemelo para que lo coma. Así, yo te bendeciré antes de que muera.»

Mientras Isaac hablaba con su hijo Esaú, Rebeca escuchaba. Y Esaú se fue al campo para cazar algo y traerlo. Entonces Rebeca fue a hablar con su hijo Jacob, y le dijo: «Acabo de oír a tu padre hablar con tu hermano Esaú. Le dijo: “Caza algo, y tráemelo; hazme un guisado, para que yo lo coma y ante el Señor te bendiga antes de que muera.” Así que, hijo mío, escúchame y haz lo que voy a ordenarte: Ve al ganado ahora mismo, y de entre las cabras tráeme de allí dos buenos cabritos. Con ellos haré para tu padre un guiso, como a él le gusta. Luego tú se lo llevarás a tu padre, para que él coma y te bendiga antes de que muera.»

Pero Jacob le dijo a su madre: «Si te fijas, mi hermano Esaú es muy velludo, pero yo soy lampiño. Puede ser que mi padre me palpe; entonces creerá que me estoy burlando de él, y en vez de bendición recibiré maldición.» Y su madre le respondió: «Hijo mío, ¡que caiga sobre mí tu maldición! Tú, hazme caso y ve a traerme los cabritos.» Jacob fue por los cabritos, y se los llevó a su madre; y ella hizo un guisado, como le gustaba a Isaac. 

Luego, tomó Rebeca la ropa de Esaú, su hijo mayor, la mejor ropa que ella tenía en casa, y con ella vistió a Jacob, su hijo menor; además, con la piel de los cabritos le cubrió las manos y la parte del cuello donde no tenía vello, y puso en las manos de Jacob, su hijo, el guisado y el pan que ella había preparado. Entonces Jacob fue a ver a su padre, y le dijo: «¡Padre mío!» Isaac respondió: «Aquí estoy. ¿Quién eres tú, hijo mío?» Jacob le dijo a su padre: «Soy Esaú, tu hijo primogénito. Ya hice lo que me pediste. Así que ven y siéntate a comer de lo que he cazado, para que me bendigas.»

Isaac le dijo a su hijo: «¿Cómo fue que tan pronto hallaste algo que cazar, hijo mío?» Y él respondió: «Es porque el Señor, tu Dios, me permitió encontrarlo.» Isaac le dijo a Jacob: «Acércate, hijo mío, que voy a palparte para saber si eres mi hijo Esaú, o no.» Jacob se acercó a Isaac, su padre, y éste lo palpó y dijo: «La voz es la de Jacob, pero las manos son las de Esaú.» Y no lo reconoció, pues tenía las manos velludas como las de Esaú, así que lo bendijo, aunque le preguntó: «¿Eres tú mi hijo Esaú?» Y Jacob respondió: «Sí, yo soy.» Dijo también Isaac: «Acércame lo que cazaste, hijo mío, para que yo coma y luego te bendiga.» Y Jacob le acercó el guiso, y además le llevó vino, e Isaac comió y bebió.

Entonces Isaac le dijo: «Ahora, hijo mío, acércate y dame un beso.» Jacob se acercó y lo besó. Cuando Isaac percibió el olor de su ropa, lo bendijo así: «¡Fíjense en el aroma de mi hijo!  ¡Es como el aroma del campo que el Señor ha bendecido!  ¡Que Dios te dé del rocío del cielo y de las grosuras de la tierra!  ¡Que te dé abundante trigo y vino! ¡Que te sirvan los pueblos! ¡Que las naciones se inclinen ante ti! ¡Conviértete en señor de tus hermanos, y que ante ti se inclinen los hijos de tu madre! ¡Malditos sean los que te maldigan, y benditos sean los que te bendigan!»

Pero sucedió que, cuando Isaac acabó de bendecir a Jacob, y apenas había salido Jacob de la presencia de su padre, su hermano Esaú volvió de andar cazando. También él hizo un guisado, y se lo llevó a su padre y le dijo: «Levántate, padre mío, y come de lo que tu hijo ha cazado, para que me bendigas.» Isaac, su padre, le dijo: «¿Y tú quién eres?» Y él le contestó: «Pues soy Esaú, tu hijo primogénito.»

A Isaac le sobrevino un gran estremecimiento, y dijo: «¿Y quién es el que vino aquí, y trajo lo que cazó, y me dio a comer de todo ello antes de que tú vinieras? Yo le di mi bendición, y ha quedado bendito.» Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, lanzó una grande y amarga exclamación, y dijo: «¡Bendíceme también a mí, padre mío!» Isaac dijo: «Es que vino tu hermano, y con engaños tomó tu bendición.»

Y Esaú respondió: «¡Qué bien le queda el nombre Jacob! ¡Ya me ha suplantado dos veces! ¡Primero me arrebató mi primogenitura, y ahora me ha arrebatado mi bendición!» Y añadió: «¿No has reservado una bendición para mí?»

El suplantador obtiene lo que quería, la bendición especial que otorga un padre antes de morir, tradición que, por otro lado, es comúnmente practicada entre el pueblo kirguís (kerez).

Isaac bendice a Jacob, que estaba suplantando a su hermano Esaú. Cuadro “Isaac y Jacob”, de José de Ribera (1637). Museo del Prado

Biografías

No sólo Jacob y Jakyb tienen caracteres parecidos, sino que ambos comparten una biografía similar. Vamos a analizar sus vidas, comenzando por sus propios exilios.

Los hijos de Orozdu, incluido Jakyb, tuvieron que dispersarse:

Alooke los perseguía

y los diez hijos de Orozdu

se dispersaron en diez direcciones.

Jacob también es separado de su hermano Esaú:

Cuando llegaron a oídos de Rebeca estas palabras de Esaú, su hijo mayor, ella mandó llamar a Jacob, su hijo menor, y le dijo: «Mira, tu hermano Esaú halla consuelo cuando piensa en matarte. Así que hazme caso, hijo mío, y prepárate a huir a la casa de mi hermano Labán, que vive en Jarán. Quédate a vivir con él por algún tiempo, hasta que se calme el enojo de tu hermano.Cuando se haya aplacado la ira de tu hermano contra ti, y olvide lo que le has hecho, yo te haré volver de allá. ¿Por qué voy a perderlos a ustedes dos en un solo día?».

Jacob y Jakyb nacieron en sendas familias nómadas acomodadas siendo hijos de jefes tribales. Entonces, pasaron a la pobreza tras el exilio. Ambos tuvieron que trabajar para otras personas y, de pobres pastores, pasaron a ser de nuevo ricos patriarcas.

En Manas se dice:

Fue conocido como el rico Jakyb

El valiente Jakyb consiguió numeroso ganado

Sus cuatro tipos de ganado eran incontables

¡El líder Jakyb se hizo rico!

Y en la Torá:

Fue así como este varón llegó a ser muy rico, y tuvo muchas ovejas, y siervas y siervos, además de camellos y asnos.

Y no solo ambos personajes compartieron un destino, sino que el camino para alcanzarlo tuvo muchas similitudes. Después de dejar su hogar, tuvieron que pasar una etapa de pobreza, trabajar en tierras extrañas para volver al hogar nuevamente enriquecidos.  Cuando Jacob regresa a su patria, dice:

También dijo Jacob: «Señor, Dios de mi padre Abrahán y Dios de mi padre Isaac, tú me dijiste: “Vuelve a tu tierra, con tus parientes, y yo te trataré bien”. Yo soy menor que todas las misericordias y que toda la verdad con que has tratado a este siervo tuyo, pues crucé este Jordán solamente con mi cayado, y ahora he llegado a poseer dos campamentos.

Durante el exilio, Jakyb y las familias que lo acompañaban sufrieron las necesidades, ataques de otros pueblos, los robos de ganado. Cuando Jakyb vuelve a recuperar las riquezas, dice:

Todas las cuarenta familias,

Incluyendo Akbaltay y Jakyb

Que eran los ancianos del pueblo destituido

Empezaron a trabajar duro

Cavaron buscando oro

El oro que extrajeron

Lo guardaron en sacos

Y lo intercambiaron con los kalmukos

Por diferentes tipos de ganado

Prepararon los yugos

Ataron los bueyes a ellos

Hicieron surcos en la tierra

Plantaron semillas en la tierra

Los cultivos crecieron en verano

¡Los kirguises se hicieron muy ricos!

Antes de que Jakyb recuperara su riqueza, llega pobre y desolado a casa de un hombre llamado Chayan, que le dio trabajo durante años. Jakyb recuerda esos años:

Sin techo y solo me encontraba

Llegue a la casa de Chayan

Con el me gane mi fama de trabajador

Más de un año le serví

El Jacob bíblico también llega solo y pobre a la casa de Laban. También tuvo que trabajar durante años para otros. A cambio, Laban entrega a Jacob sus dos hijas y mucho ganado. Es entonces cuando Jacob vuelve a su tierra. Atención a la respuesta de Jacob cuando Laban le recrimina que se marche robándole sus dioses:

Entonces Jacob se enojó, y riñó con Labán. Le reclamó: «¿En qué te he faltado? ¿Cuál es mi pecado, para que me persigas con tanto ardor? Ya que has rebuscado en todas mis cosas, ¿qué has hallado de todos los enseres de tu casa? Ponlo aquí, delante de mis hermanos y de los tuyos, ¡y que juzguen entre nosotros! Veinte años han sido los que he estado contigo, y nunca abortaron tus ovejas ni tus cabras, ni me comí un solo carnero de tus ovejas. 

Nunca te traje lo que las fieras arrebataron, y si algo se robaban de día o de noche, me hacías responsable y a mí me lo cobrabas. De día me consumía el calor, y de noche la helada, y el sueño se me iba. Esta clase de vida he tenido en tu casa durante veinte años. Catorce te serví por tus dos hijas, y seis por tu ganado, y varias veces me has cambiado la paga. Si no estuviera conmigo el Dios de mi padre, el Dios de Abraham, el Dios a quien Isaac temía, estoy seguro que me dejarías ir ahora con las manos vacías. Pero Dios ha visto mi aflicción y el trabajo de mis manos, y por eso te reprendió anoche.»

Para resumir: Jacob y Jakyb se marcharon sin nada de sus hogares, teniendo que trabajar duro durante muchos años. Ambos conocieron la dureza de la vida nómada pastoril pero los dos consiguieron hacerse muy ricos. Sabemos que Jacob se casó con las dos hijas de su empleador. Jakyb también tenía dos mujeres, una de ellas, hija también de la persona que le dio trabajo. Cuando Jacob regresó al hogar lo hizo junto a 70 personas; Jakyb, con 70 familias.

Algunas comparaciones son tan sorprendentes que una historia podría casi ser una reescritura de la otra, simplemente cambiando las generaciones y los contextos geográficos y culturales.

Jakyb pierde sus riquezas y tiene que vagar, trabajando para otros

Patria y fe

Incluso aunque el mentiroso Jacob y el astuto Jakyb no parecen santos, ambos se apoyan en la fe al regresar al hogar. En la Biblia, Jacob recibe un mensaje:

Entonces el Señor le dijo a Jacob: «Regresa a la tierra de tus padres, con tus parientes, que yo estaré contigo.» Jacob tuvo que confiar en Dios para volver desde Siria a Canaán.

Jakyb también necesitó la fe para liderar a su pueblo de vuelta al hogar, Naaman:

Jakyb lideró la migración

Akbaltay cabalgaba detrás de el

Dejaron todo lo que tenia

Y confiaron en su fe

A pesar de su reputación de mentirosos, los dos hombres conservaron una fe lo suficientemente sincera como para ser recompensados.

Sacrificios a Dios

En el Antiguo Testamento se destaca la vida de varios profetas respetados por varias religiones. Estos patriarcas antiguos realizaban sacrificios a Dios, una práctica también común con el pueblo kirguís.

Luego Jacob ofreció sacrificios en el monte, y llamó a sus hermanos a comer pan. Después de comer, pasaron la noche en el monte.

Significativamente, los kirguises suelen realizar sus festejos por la noche, frecuentemente en una montaña, igual que Jacob. Y, como este, Jakyb también ofrece sacrificios a Dios:

Suplicando a dios se puso a rezar

Prometió un camello de un año para el sacrifico

Heridos

Tanto Jacob como Jakyb sufrieron heridas características. En la Biblia dice:

El sol salía cuando Jacob, que iba cojeando de la cadera, cruzó Peniel. Por eso hasta el día de hoy los israelitas no comen del tendón que se contrajo, y que está en la coyuntura del muslo; porque aquel hombre golpeó a Jacob en esta parte de su muslo, en el tendón que se contrajo.

Y en Manas:

El (Jakyb) mismo, el de la barba blanca

Inclinado, cojeando, medio cojo, ves…

Jacob sufrió su herida por un ser divino, similar a la figura mitológica centroasiática de Kojo-Kydyr o Khizr, que toco el tendón de Jacob, dislocando la articulación:

De modo que Jacob se quedó solo, y un hombre luchó con él hasta la salida del sol. Pero cuando ese hombre vio que no podía vencerlo, lo golpeó en la coyuntura de su muslo, y en la lucha el muslo de Jacob se descoyuntó. El hombre dijo: «Déjame ir, porque ya está saliendo el sol.» Pero Jacob le respondió: «No te dejaré ir, si no me bendices.» Aquel hombre le dijo: «¿Cuál es tu nombre?» Y él respondió: «Jacob».

Y el hombre dijo: «Tu nombre ya no será Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.» Entonces Jacob le preguntó: «Ahora hazme saber tu nombre.» Y aquel hombre respondió: «¿Para qué quieres saber mi nombre?»

Y lo bendijo allí. A ese lugar Jacob le puso por nombre «Peniel», porque dijo: «He visto a Dios cara a cara, y sigo con vida.»

Jacob luchando contra el ser que le termina hiriendo.
Cuadro “Jacob wrestling with the angel”, de León Bonnat (1876). 

En la épica kirguís no aparece un pasaje de este tipo, pero, sorprendentemente, parece que Jakyb se refiere a un hecho similar que no se cuenta:

Lamentándose, con las manos hacia el cielo

El anciano Jakyb, balando como una oveja

Rezaba a Ala en su trono

En el nombre de las buenas almas

En el nombre de los de las barbas blancas

Y a los hermanos, todos presentes

Nuestro creador, nuestro único dios,

Escucha mi plegaria y atiende mis suplicas

Con la mano derecha en alto

Te pido que no rompas mis omoplatos,

Dolor, ¡no agarres mi corazón!

¿Por qué debería Jakyb pedir que no le rompiera los omoplatos? Si este Jakyb es una versión posterior de Jacob, podríamos entender una plegaria como esa. Las piernas de Jacob fueron dañadas tras su encuentro con Dios, y Jakyb pide que perdone sus brazos…

La cadera de Jacob tiene otra conexión interesante con la cultura kirguís. El pasaje bíblico dice:

Por eso hasta el día de hoy los israelitas no comen del tendón que se contrajo, y que está en la coyuntura del muslo; porque aquel hombre golpeó a Jacob en esta parte de su muslo, en el tendón que se contrajo.

Al igual que los hijos de Israel, los kirguises no comen el tendón de la cadera de la oveja. Y seguro que no es por escrupulosidad… los kirguises comen partes de corderos y otros animales que suelen ser bastante indigestos para extranjeros, pero esa parte, precisamente, no la consumen.

Doce hijos y doce sobrinos

Jacob tenía diez hijos antes de que su esposa favorita, Raquel, tuviese dos hijos más: José y Benjamín. Estos pequeños aparecen desde el principio como los favoritos del padre. La Biblia, por otra parte, retrata a los otros diez hijos como mentirosos, envidiosos y problemáticos. En Manás también aparecen diez personajes similares; son sobrinos de Jakyb, hijos de Orozdu. Éste vivía junto a Bai, otro hermano, que tenía dos hijos: Bakai y Tailak, representados como esforzados jóvenes, siempre dispuestos a ayudar a su padre pero también incapaces de hacer frente a sus problemáticos primos:

Estos dos hijos de Bai

Reunieron mucho ganado

Pero los hijos de Orozdu

Nunca les dejan hacerse ricos, es la verdad

Les roban sus pertenencias y toman su ganado

¿qué hacer? ‘ningún pasto está a salvo!

¿cómo enfrentarse a ellos? ¿dos contra diez?

La Biblia narra cómo los diez hijos mayores de Jacob odian tanto al pequeño José que deciden matarlo. En el último momento cambian de opinión y planean venderlo como esclavo, para además de humillarlo, ganar dinero a su costa. La siguiente cita muestra claramente esta dinámica de “diez contra dos”:

José fue entonces en busca de sus hermanos, y los encontró en Dotán. Cuando ellos lo vieron a lo lejos, antes de que él se acercara a ellos hicieron planes contra él para matarlo. Se dijeron el uno al otro: «Miren, aquí viene el soñador. ¡Vamos, matémoslo ya! Echémoslo en uno de los pozos, y digamos que alguna mala bestia se lo comió. ¡Y vamos a ver qué pasa con sus sueños!» Pero Rubén, al oír esto, lo libró de sus manos y dijo: «No lo matemos.»

Además, para librarlo de sus manos y hacerlo volver a su padre, Rubén les dijo: «No derramen sangre. Arrójenlo en este pozo que está en el desierto, pero no le pongan la mano encima.» Así que, cuando José llegó a donde estaban sus hermanos, ellos le quitaron su túnica, la túnica de colores que llevaba puesta, y por la fuerza lo arrojaron en el pozo. Pero el pozo estaba seco; no tenía agua. Luego se sentaron a comer su pan. Pero al levantar la vista, vieron que de Galaad venía una caravana de ismaelitas, con sus camellos cargados de aromas, bálsamo y mirra, que llevaban a Egipto. 

Entonces Judá les dijo a sus hermanos: «¿Qué ganamos con matar a nuestro hermano y encubrir su muerte?  Vengan, vamos a vendérselo a los ismaelitas. No levantemos la mano contra él, pues él es nuestro hermano, nuestra propia carne.» Y sus hermanos estuvieron de acuerdo con él. Cuando los mercaderes madianitas pasaron por allí, ellos sacaron del pozo a José y lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de plata. Y ellos se llevaron a José a Egipto.

Cuando a Jacob le cuentan que José ha muerto, hace todo lo posible para proteger a Benjamín de un destino similar:

Los diez hermanos de José se dirigieron a Egipto para comprar trigo; pero Jacob no envió con ellos a Benjamín, hermano de José, porque dijo: «No vaya a pasarle algo malo.»

Kojo-Kydyr

Tanto Jacob como Jakyb rezan al “Dios de los cielos” y ambos son santificados por el Kojo-Kydyr mencionado anteriormente. Por ejemplo, acerca de Jakyb:

Su antepasado fue Tyghol Khan

Todos sus antepasados fueron khanes

Desde el principio, bendecido por el Kydyr

El lugar donde reposó

Se convirtió en un lugar sagrado

También en el caso de Jacob se destaca que un lugar sagrado se estableció allí donde el patriarca durmió:

Por la mañana Jacob se levantó y tomó la piedra que había puesto de cabecera, la levantó como un pilar, y sobre ella derramó aceite. A ese lugar le puso por nombre Betel, aunque el primer nombre de esa ciudad era Luz. Allí Jacob hizo este voto: «Si Dios me acompaña y me protege en este viaje que ahora hago, y me da pan para comer y ropa para vestirme, y me hace volver en paz a la casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios. Esta piedra, que he levantado como pilar, será casa de Dios; y de todo lo que me des, apartaré el diezmo para ti.»

Es curioso que la presencia de una piedra también incita a rezar a Jakyb:

Cuando Jakyb vio la estela de piedra

Rezó con toda la fuerza de su voz

¿qué haré si Dios me abandona?

Ambos demuestran su temor a ser abandonados. Los dos se muestran desesperados y no parecen muy seguros sobre sus dioses; prometen ofrendas si sus ruegos son escuchados y, a su tiempo, los dos hombres verán sus deseos cumplidos, pero antes deberán pasar periodos de sufrimiento y angustia. Hasta que el propio cielo se comunicó con ellos:

Jakyb clamaba:

Estaba soñando cuando desperté

¡es una bendición de Dios!

Era todavía de noche cuando llegó

Para Jakyb

Fue una noche sagrada

El hombre que habló con él

Era un Kydyr

En ese sueño, el Kydyr hizo una profecía sobre la descendencia de Jakyb. Algo muy parecido le ocurre a Jacob:

Al llegar a cierto lugar, se quedó allí a pasar la noche, porque el sol ya se había puesto. Tomó una de las piedras de aquel lugar y la puso como cabecera, y allí se acostó para dormir. Entonces tuvo un sueño, en el que veía una escalera apoyada en la tierra, y cuyo extremo tocaba el cielo, y veía que los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. En lo alto de la escalera, veía al Señor, que le decía: “Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abraham y el Dios de Isaac. A ti y a tu descendencia les daré la tierra donde ahora estás acostado. Tu descendencia será como el polvo de la tierra, y te esparcirás hacia el occidente y el oriente, hacia el norte y el sur. En ti y en tu simiente serán bendecidas todas las familias de la tierra. Date cuenta de que yo estoy contigo. Yo te protegeré por dondequiera que vayas, y volveré a traerte a esta tierra. No te dejaré ni un momento, hasta que haya hecho lo que te he dicho.»

 Como una figura humana, el ser divino se presenta a los dos hombres y les habla sobre su futura descendencia.

Mamre y Mamir

Los dos líderes tribales residen durante una temporada en un lugar llamado Mamre, o Mamir.

En Manás se dice:

Regresaron con las personas cercanas y queridas

A Sari-Chel, que está en Mamir

A las orillas del lago Aidin

Al lugar donde vivió Jakyb

Y en la Biblia:

Jacob fue a visitar a Isaac, su padre, en Mamre, es decir, la ciudad de Arba, que es Hebrón, donde habitaron Abrahán e Isaac.

¿Acaso se refieren al mismo lugar?

Abrigos especiales

Regalar un abrigo (chapán en kirguís) es, en muchas culturas nómadas, un gesto de honor hacia el beneficiario. Tanto Jacob como Jakyb entregan a sus hijos favoritos uno de ellos:

Israel amaba a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; por eso le hizo una túnica de diversos colores.

Para este hijo, que hemos tenido siendo viejos

He hecho un abrigo de seda y le he pedido que lo lleve

“Jacob blessing Ephraim and y Manases”, de Benjamin West (1830)

Adopción del nieto

Muchos abuelos kirguises, hasta el día de hoy, tienen la costumbre de adoptar a alguno de sus nietos, tal y como hizo Jacob con Manasés:

Después de estos acontecimientos, se dio aviso a José de que su padre estaba enfermo. Entonces él tomó consigo a sus dos hijos, Manasés y Efraín. Y cuando se le hizo saber a Jacob que su hijo José venía a visitarlo, Israel hizo un esfuerzo y se sentó sobre la cama. Y le dijo a José: «El Dios Omnipotente se me apareció en Luz, en la tierra de Canaán, y me bendijo con estas palabras: “Yo haré que te reproduzcas y te multipliques. Yo haré de ti un conjunto de naciones, y esta tierra se la daré como su herencia perpetua a tu futura descendencia.” En cuanto a tus dos hijos, Efraín y Manasés, que te nacieron en la tierra de Egipto antes de que yo viniera a ti a la tierra de Egipto, son míos; son como mis hijos Rubén y Simeón. Los que engendres después de ellos serán tuyos, pero se les conocerá en sus herencias por el nombre de sus hermanos.

Sorprendentemente, el nombre del que sería Manasés, hijo de Jacob se asemeja bastante a Manás, hijo de Jakyb. Esta coincidencia se ve multiplicada al recordar que la historia de Manasés y su propia tribu finaliza en territorios de la Ruta de la Seda, precisamente donde se desarrolla la épica de Manás:

Los hijos de la media tribu de Manasés fueron multiplicados en gran manera y habitaron en la región que va desde Basán hasta Baal Hermón y Senir, y el monte de Hermón. Los jefes de las familias de sus padres fueron Efer, Isguí, Eliel, Azriel, Jeremías, Hodavías y Yadiel, que eran hombres valientes y esforzados, de buena fama, y jefes de las familias de sus padres. Pero se rebelaron contra el Dios de sus padres. Se prostituyeron por seguir a los dioses de los pueblos de la tierra, a los cuales el Señor había quitado de delante de ellos. Por eso el Dios de Israel estimuló a Pul, es decir, a Tiglat Piléser, rey de los asirios, a que se llevara cautivos a los rubenitas y gaditas y a la media tribu de Manasés, y hasta el día de hoy están en Jalaj, Jabor, Hara y el río Gozán.

Conclusión

No hay suficiente información para determinar si Jakyb y Jacob son la misma persona o si son dos personajes diferentes que nacen de la misma fuente común; lo que parece fuera de toda duda es que, considerando las evidencias presentadas, negar cualquier todo tipo de relación entre ellos nos es una opción. En el caso de que ambos personajes provinieran de una tradición común, deberíamos poder encontrar más personajes, líneas argumentales y episodios que coincidieran tanto en la épica kirguís como en los textos bíblicos…

Podríamos hablar de las bellas Rabiga y Rebeca…

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