Lugares santos del valle medio del Zerafshan

TEXTO DE AZIM MALIKOV, UNIVERSIDAD ESTATAL DE SAMARKANDA

Es bien conocido que existen muchos lugares en Asia Central relacionados con el culto a personas consideradas santas y que, en las culturas predominantemente musulmanas de la región han tenido una importancia especial. Es más, el culto asociado a estos lugares sagrados es uno de los rasgos más característicos del Islam centroasiático.

Durante el periodo soviético, la mayoría de los etnógrafos que trataron la cuestión intentaron demostrar el carácter mitológico del culto a esos santos, asociándolo a prácticas y creencias locales pre-islámicas. Mientras que esto puede corresponderse con la realidad en parte, es innegable que el factor islámico también está presente y es importante en estos cultos.

Los lugares sagrados situados en las zonas rurales de la región de Samarkanda, en el valle medio del río Zerafshán, apenas han sido estudiados. A partir de materiales y testimonios obtenidos en la región, daré una breve visión sobre este culto, común, sin embargo, a todo el territorio centroasiático.

En el Islam no existe un procedimiento formal para designar a una persona como “santo”, no existen listas oficiales. Una persona es designada así por el clamor popular, la devoción de algunos dirigentes, la opinión de eruditos… Muchos lugares de culto surgieron asociados a nombres de santos que aparecen en libros religiosos populares durante la época pre-soviética o, por ejemplo, en las genealogías de las diferentes tribus uzbekas y sus epopeyas tradicionales.

Varios de ellos aparecen en la famosa epopeya “Alpamysh”; en ella está, por ejemplo, Alí, pariente del profeta Mahoma, como un líder espiritual que recorre la región. Sin embargo, él jamás pisó este territorio durante su vida y, aun así, existen varias supuestas tumbas suyas por toda la región. El sufismo también jugó un papel importante en la difusión de estas creencias y en el afianzamiento del mito de Alí en la zona, uniendo elementos claramente pre-islámicos con otros típicamente musulmanes.

Típico lugar de culto en Asia Central, con cintas de tela atadas a un árbol

De igual manera, el sufismo consolidó esa idea de asociar ciertos lugares donde supuestamente estaban enterrados hombres santos como sitios cargados de espiritualidad. Algunos cementerios, tumbas aisladas e incluso fuentes y manantiales se convirtieron en destino de peregrinaje para miles de personas, no sólo en esta zona del Zerafshán, sino en toda Asia Central.

A la recitación de determinadas suras del Corán – bien por una persona encargada de vigilar el lugar o por los propios peregrinos – se añaden las costumbres de atar pedazos de tejidos en arbustos y árboles cercanos. De esta manera, los creyentes solicitan los favores o la protección del santo que está enterrado en el lugar.

Según las características regionales propias, los patrones de culto pueden variar; algunos lugares pueden ser visitados sólo en determinados días de la semana o en determinadas épocas del año. Algunos sitio incluso se han “especializado”; por ejemplo, al sitio donde se venera a Dehkonbobo acuden personas que piden tener buenas cosechas y alejar los peligros de sus cultivos, realizando ofrendas e incluso sacrificios de animales.

Como vemos, el sincretismo de creencias pre-islámicas e islámicas es evidente. La gran mayoría de los santos venerados en estos lugares son personajes vinculados al Islam: familiares del profeta, algunos de los primeros misioneros musulmanes en la región, mártires o fundadores de la filosofía sufí, como Ahmad Yassavi Bahauddin Naqshband. Sin embargo, también hay sitios donde se veneran piedras sagradas, manantiales, arenas terapéuticas

El propio culto está imbuido de esas dos grandes visiones culturales que caracterizan a Asia Central: el mundo animista pre-islámico y el mundo del Corán.

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