Rabban Bar Sauma: de Pekín a Burdeos

TEXTO DE NURDIN IBRAIMOV

A pesar del tradicional desconocimiento mutuo entre Europa y Asia Central, siempre han existido personajes que, arriesgando sus propias vidas y con un enorme afán de conocer, desde la Edad Media, se lanzaron a explorar regiones que para ellos eran en gran parte desconocidas. Universalmente famoso es el caso de Marco Polo que, junto a su familia, y con ansias de prosperar económicamente, descubrió Oriente para los lectores medievales europeos y dejó un maravilloso ejemplo de literatura de viajes. También hubo algunas expediciones de carácter político, como la Embajada de Ruy de Clavijo a Samarkanda, que también reflejó en un libro clásico… Sin embargo, menos han trascendido los viajeros cuyo punto de partida estaba en Oriente; y algunos de ellos no realizaron un periplo menor que el de sus homólogos europeos: Ibn Battuta, en el s. XIV, recorrió durante más de veinte años gran parte de África, el sur y el este de Europa, Oriente Medio, la India, Asia Central, el Sureste Asiático y China. Zheng He (1371–1433) se adelantó en gran medida a los grandes exploradores europeos españoles y portugueses en un periplo que le llevó por gran parte de Asia y África.

Sin embargo, aún más desconocido en Occidente que los anteriores es el viajero Rabban Bar Sauma; su periplo no tiene menos valor que el de otros personajes admirados en Europa, como Marco Polo. Incluso podría decirse que, desde cierto punto de vista, el viaje de Bar Sauma contiene elementos más interesantes, ya que no fue el interés mercantil lo que le condujo a recorrer miles de kilómetros, sino la fe religiosa. Pero los avatares de la Historia hicieron que, mientras Marco Polo se convirtiera en un fenómeno social en vida, Bar Sauma pasara casi desapercibido en los anales de los grandes viajeros de todos los tiempos.

Y eso que conocemos mucho más sobre la vida de Rabban Bar Sauma que sobre la del miembro de la familia Polo…

Bar Sauma (Rabban es un título religioso, similar a rabí, o maestro) nació, en el año 1220, en la populosa ciudad de Khanbalik, hoy en día conocida como Beijing. En aquel entonces, el Imperio Chino estaba gobernado por la dinastía mongola heredera de las arrolladoras conquistas de Genghis Khan y la capital era verdadero hervidero de culturas, religiones y tradiciones. Bar Sauma era un ejemplo de ese mundo: uigur étnico, pertenecía a una familia adinerada muy asimilada con la cultura local (lo que posiblemente hiciera a Sauma culturalmente más chino que uigur…) y era un ferviente seguidor del cristianismo nestoriano.

Rabban Bar Sauma

Esta rama de las creencias cristianas fue fundada por Nestorio en el s. V; monje de Alejandría que llegó a convertirse en obispo de Constantinopla, Nestorio y sus seguidores defendían la doble naturaleza de Cristo, una humana y otra divina, independientes entre sí. En el Concilio de Éfeso del año 431, las tesis nestorianas fracasaron, y la corriente fue declarada herética. Sus miembros tuvieron que huir de los territorios del Imperio Romano y refugiarse en Persia, donde se constituyeron como una de las religiones más importantes; sin embargo, tras el avance musulmán del s. VII, muchos misioneros nestorianos se fueron expandiendo hacia el este, buscando nuevas conversiones que compensaran la de los cristianos que se iban convirtiendo al Islam. De esa manera, en torno al año 635, la fe de Nestorio alcanza China, momento en el que se funda su primera iglesia en lo que hoy es la ciudad de Xian. En aquellos años, los uigures ya se habían convertido en su mayoría en nestorianos, así como otros pueblos emparentados con los mongoles; de esta manera, la religión se fue asentando en Asia Central al menos hasta el s. XIV, cuando los conquistadores mongoles se fueron decantando por el lamaísmo, lo que hizo que gran parte de la población se desplazara hacia esa religión. A pesar de las importantes contribuciones del nestorianismo a la cultura de la región, hoy en día prácticamente no existen comunidades, que se reducen a algunas zonas de Irán, India, China y, sobre todo, Irak.

Bar Sauma nació, sin embargo, en un momento de apogeo del nestorianismo y en un ambiente cultural sumamente tolerante con las diferencias culturales y religiosas. Como decíamos, su familia estaba bien posicionada y ante él se presentaba un futuro de comodidades y lujos; sin embargo, a la temprana edad de veinte años, dejó esa vida y sus promesas, convirtiéndose en un simple monje y retirándose a vivir a una cueva. Allí vivió durante muchos años, dedicándose únicamente a la meditación, el estudio y la enseñanza a jóvenes que se acercaban a él atraídos por su devoción.  Uno de estos estudiantes, Marcos, desempeñaría un papel crucial en la vida de Bar Sauma.

En torno al año 1275, ambos deciden emprender una peregrinación a Jerusalén. En su viaje utilizarían, con toda seguridad, una ruta similar a la usada por Marco Polo pero en sentido contrario; algunas de las ciudades por donde pasaron fueron Khotan, Kashgar, Talas, Khorasan, o Maragheh, en la actual Azerbayán y capital del Ilkanato, reino fundado por Hulagu, hermano de Kublai Khan. Continuaron camino hasta Bagdad, donde se encontraron con el Patriarca de la Iglesia Oriental, que ordenó obispo a Marcos y encomendó a los dos monjes la tarea de regresar a China para encargarse de una diócesis al norte del Imperio. Sin embargo, mientras esperaban los preparativos del viaje, el Patriarca falleció y, tras la reunión de obispos nestorianos, Marcos fue elegido nuevo Patriarca con el nombre de Mar Yaballaha III.

Ricoldo de Montecroce y los Nestorianos. Manuscrito francés de 1410. Biblioteca Nacional de Francia. La ilustración refleja la visita de unos monjes católicos a Mar Yaballaha III

Los dos viejos amigos emprendieron camino a Maragheh para obtener la confirmación del nombramiento por parte del Khan Abaga. Pero en aquella época de incertidumbres políticas, la muerte del Khan, la débil situación de su sucesor Argun y la necesidad de asegurar para el Ilkanato una alianza con los cristianos europeos frente a los musulmanes que amenazaban sus territorios, se planteó una embajada al Papa de Roma y a varios reyes cristianos, y pronto surgió el nombre de Bar Sauma para llevar a cabo la misión.

En 1287 Rabban Bar Sauma dejó Bagdad para, a través de Armenia, alcanzar el puesto de Trebisonda, y desde ahí llegar a Constantinopla, donde se entrevistó con el Emperador Andrónico II. De la capital bizantina se dirigió a Italia donde, al acercarse a Sicilia, fue testigo de la erupción del volcán Etna; Roma fue su siguiente destino, aunque no llegó a tiempo de conocer al Papa Honorio IV, que falleció poco antes. Mientras esperaba que el Colegio Cardenalicio eligiera un nuevo pontífice, Bar Sauma decidió viajar hacia el norte.

Esquema del recorrido de Rabban Bar Sauma, desde Pekín hasta Burdeos

Realizó paradas en la Toscana y Génova (donde pasaría el invierno de 1287) en su viaje hacia París. Allí se reuniría con Felipe IV, que se mostró muy receptivo a las ideas de alianza con los mongoles. En el sur, en Burdeos, Bar Sauma se reunió con el rey Eduardo I de Inglaterra, que en aquel tiempo controlaba esta zona de Francia; según las crónicas, aunque Eduardo también agradeció el ofrecimiento del embajador, sus problemas internos con escoceses y galeses hacía difícil su implicación en un conflicto más lejano para los intereses ingleses.

Esta fue una tónica común en las reacciones de los líderes europeos ante la embajada de Bar Sauma: con un continente agotado por siglos de cruzadas, la atractiva idea de vencer al enemigo islámico se veía ya como algo utópico y alejado de las posibilidades reales de unos reyes que no estaban dispuestos a arriesgar más en esa lucha.

De nuevo en Roma, Bar Sauma pudo conocer al nuevo Papa, Nicolás IV, que también mostró su interés en la alianza con el Ilkanato. A pesar de que tampoco el pontífice aportó ningún apoyo concreto al plan del Khan Argun, permitió que Sauma celebrara una misa nestoriana y le entregó una tiara como regalo para el Patriarca Mar Yaballaha III (el antiguo discípulo Marcos), dejando claro que 800 años de conflicto entre la Iglesia de Roma y el nestorianismo habían llegado a su fin.

En 1288, Bar Sauma regresó a Bagdad, llevando consigo varios mensajes y regalos para el Khan Argun de parte de algunos de los principales líderes europeos del momento. El anciano monje vivió hasta su muerte, que tuvo lugar en 1294, en esta ciudad, donde seguramente ocupó el tiempo escribiendo los relatos de sus viajes.

Aunque el viaje de Rabban Bar Sauma no consiguió establecer la alianza militar pretendida, su misión estableció contactos en las cortes europeas que abrieron el camino a otros nuevos viajes, como el que realizó Giovanni de Montecorvino a la corte mongola por encargo del Papa, o el de Gobert de Heveville por parte de Francia. Además, el relato de su embajada aporta una visión novedosa en la literatura de viajes medievales, al ser un asiático el que describe las, para él, las extrañas y exóticas tierras europeas.

Es evidente que Asia Central y Europa siguieron siendo dos regiones desconocidas entre sí durante varios siglos, pero ejemplos como el de Rabban Bar Sauma fueron destellos de luz en medio de la oscuridad que permitieron vislumbrar realidades que, de otra manera, hubieran quedado ocultas.

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