Madrid: seis siglos en Asia. La herencia de Clavijo.

TEXTO DE SANTIAGO RUIZ MORALES, CÓNSUL HONORARIO DE UZBEKISTÁN EN MADRID Y PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN CLAVIJO-TAMERLÁN DE AMISTAD HISPANO-UZBEKA

Enrique III de Castilla, en el s.XV, con una extraordinaria visión geopolítica, fue el primer rey de la Península que, en aquellos tiempos, pudo ver la importancia que podría tener una alianza con los casi legendarios “tártaros” para luchar contra un Imperio Otomano que dominaba gran parte del Mediterráneo. De esa manera, en 1403 comenzó una de las aventuras diplomáticas más interesantes y menos conocidas protagonizadas por un español: la visita , por parte de Ruy González de Clavijo, a la corte del Gran Tamerlán, uno de los mayores conquistadores de la Historia y descendiente de Gengis Kan.

En América hay más de treinta ciudades llamadas Madrid.

En Asia hay sólo una, pero es la más antigua de todas.

Hace más de seiscientos años, el caudillo del mayor imperio de su época decidió nombrar así una nueva ciudad que fundó en las afueras de su legendaria capital Samarkanda, para honrar al lugar de  nacimiento del único embajador  de Europa que le fue a visitar –  el primer embajador de Europa a Asia.

Siglo y medio antes de que Madrid fuera capital, y varios cientos de años antes de  que se fundaran los Madrid de América, un pequeño pueblo tan desconocido en Europa como casi en la propia España,  plantó su nombre en el corazón de Asia.

Hace unos años tuvimos la oportunidad de inaugurar la Avenida de Ruy González de Clavijo en Samarkanda, por lo que aquella misión española es ahora reconocida como quizás la más antigua de europeos en Asia Central. Pudimos asimismo inaugurar una exposición y una conferencia sobre este aniversario.

Pero, ¿qué misión llevó a españoles a un sitio tan  lejano?

Se trataba de la Embajada de Ruy González de Clavijo a Samarkanda, un madrileño en la Corte del Gran Tamerlán. Este enviado del Rey de Castilla y León, Enrique III de Trastámara, llevaba la misión de conocer a ese misterioso y poderoso soberano, a fin de concluir una alianza para apresar en una tenaza al Turco. Éste, el emperador otomano Bayaceto, era la gran amenaza de Medio Oriente que ya se cernía sobre la cristiana Europa, y de la que sólo se había salvado temporalmente Constantinopla por la victoria de Tamerlán sobre Bayaceto en la batalla de Angora (Ankara) en 1402.

La misión había comenzado más de un año antes, cruzando en carracas y galeras todo el Mediterráneo y el Mar Negro. Seiscientos años antes de la tragedia de la aeronave Yak 42, otra nave arrendada por la Corona española para cumplir una misión en Asia Central ya había naufragado en una terrible tormenta en el Mar Negro con destino Trebisonda, si bien en aquella ocasión no hubo víctimas, ya que zozobraron cerca de la costa.

Después de atravesar Turquía Oriental y toda Persia, la misión cruzó el noroeste del actual Afganistán – donde se encuentran en este momento tropas españolas en la base Qal-i-Now, recientemente renombrada Base Ruy González de Clavijo-  y finalmente llegó a Termez, ya en el actual Uzbekistán, cruzado el enorme río Amu Darya.

Sí, es real. En Uzbekistán existe una pequeña ciudad llamada Madrid. 

No deja de ser sorprendente que el irónicamente llamado Puente de la Amistad sobre el Amu Darya, construido por los soviéticos en 1982 para apoyar la invasión de Afganistán desde el Norte, fuera ya descrito en gran detalle por Clavijo seiscientos años antes – un enorme puente de madera construido por Tamerlán  por los mismos motivos – invadir igualmente Afganistán de Norte a Sur, exactamente en el mismo lugar.

Clavijo llegó a  Samarkanda el 8 de septiembre de 1404 y estuvo allí hasta el 21 de noviembre. Durante su estancia, fue recibido varias veces por Tamerlán, quien se reposaba después de siete años de campaña de conquistas y en anticipación de su pronta invasión de China, durante la que encontró la muerte a las pocas semanas de la partida de Clavijo. 

Durante estos dos meses y medio Tamerlán ofreció a Clavijo nada menos que dieciocho fiestas, es decir de media una cada tres  días, quizás un record en los anales de la diplomacia. Clavijo, en su extraordinario libro, describe en asombroso detalle estos brillantes festejos, sus ceremonias, las vestimentas de las esposas de Tamerlán, los juegos y las danzas, las costumbres de la comida, e incluso las borracheras de sus huéspedes – en las que él no participaba pues era abstemio.

Asia Central fue en aquella época zona de gran importancia geoestratégica, como lo demuestra el propio interés visionario de Enrique III al enviar allí a sus embajadores. Sin embargo, después del descubrimiento de la ruta marítima a Asia por Vasco de Gama a finales del siglo XV, toda su importancia económica – las rutas de las especias y de la seda –  colapsó, y cayó la zona en el más total olvido hasta que los rusos e ingleses se volvieron a  interesar en la zona a mediados del XIX.

En España, fascinada entonces por los descubrimientos de América, nadie volvió ya a  prestar interés a una embajada que no tuvo mayor trascendencia, a pesar de su espectacularidad.

La Embajada de Clavijo había sido precedida por la Embajada de Payo Gómez de Sotomayor y Hernán Sánchez de Palazuelos, quienes en julio de 1402 se habían encontrado con el Tamerlán vencedor en la batalla de Angora. Tamerlán había enviado entonces a España, de vuelta con estos embajadores, a su consejero Mohammed El-Kesh, quien se presentó en el Alcázar de Segovia al rey castellano, acompañado de tres princesas esclavas greco-húngaras que habían sido capturadas por Bayaceto en la batalla de Nicópolis en 1396, y que habían formado parte del harén del Turco desde entonces. Los descendientes directos de estas esclavas –dos de las cuales casaron con  Sotomayor y Palazuelos y la tercera con Contreras, el Corregidor de  Segovia- todavía viven en España – miembros de las familia Sotomayor, Ungría y la Marquesa de Lozoya.

La crónica de Clavijo está disponible en castellano en varias versiones – Embajada a Tamerlán, Embajada a Tamorlán,  Misión Diplomática de Castilla a Samarkanda y el mejor y último, Viaje a Samarkanda – y en una historia novelada – Embajada a Samarkanda. Se trata de uno de los libros de viajes más importantes por su gran contenido histórico, geográfico, etnográfico, e incluso de aventuras, y es uno de los libros más bellos de la narrativa española, y sin embargo de los más desconocidos.

Esta Asociación tiene como objetivo el popularizar este extraordinario episodio, y para ello, entre otros, imparte conferencias ilustradas, publica artículos, y ha organizado varias convenciones. La Asociación también tiene como objetivo el acercamiento entre los pueblos uzbeko y español, quienes demostraron hace seis siglos que a pesar de la distancia y de las diferencias culturales y lingüísticas los pueblos pueden entenderse.

España goza de considerable prestigio en Uzbekistán, esa joven república que se ha independizado de la URSS hace tan solo 19 años, y sin embargo en España todavía existe gran ignorancia sobre ese país. Córdoba y Bujara están hermanadas desde hace más de veinte años, en reconocimiento de  lo que fueron los dos centros de la cultura universal en los años de transición entre los dos primeros milenios. Hay tímidos contactos a nivel académico, empresarial, y diplomático,  pero otros países europeos y asiáticos tienen allí mucha mayor presencia. La visita de Estado del Presidente Karimov hace varios años, huésped de SM el Rey, ha contribuido a un mejor conocimiento entre dos países tan distantes, y a la vez tan cercanos. 

Ofrecemos a los ciudadanos españoles que conozcan mejor ese maravilloso y hospitalario país, y sobre todos sus ciudades monumentales –Samarkanda, Bujara y Khiva- que hace seiscientos años ya fueron visitadas por los diplomáticos españoles, que eran hasta entonces los que más lejos habían llegado.

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