Hircania y la llanura olvidada

Estudios y excavaciones arqueológicas hispano-turkmenas en Dehistán

TEXTO DE JOAQUÍN MARÍA CÓRDOBA, UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID

El pasado año 2010, gracias a la firma de un acuerdo de cooperación entre el Ministerio de Cultura de la República de Turkmenistán y la Universidad Autónoma de Madrid, se puso en marcha la primera fase de un proyecto que bajo el título “La cultura de la Edad del Hierro en Dehistán (1300-500 a. C.). Comunidades humanas, creencias y dominio del entorno en una región histórica de Asia Central[1], comenzó sus pasos en noviembre del año 2006.

En aquel año, gracias a la cooperación del Departamento Nacional para la Protección, Investigación y Restauración de los Monumentos Históricos y Culturales de Turkmenistán (Dr. M. Mamedow), y al apoyo de la Misión Francesa del CNRS-Université Paris 10 Nanterre en Ulug Depe (Dr. O Lecomte), llevamos a cabo una pequeña investigación de campo en la antigua región de Dehistán, prospectando algunos yacimientos y conociendo por vez primera y sobre el terreno, la realidad geográfica y el paisaje arqueológico de aquel extremo recóndito de Asia Central. Solventadas las premisas administrativas, en septiembre del pasado año empezó por fin el proyecto científico.

Mapa de Turkmenistán, con Hircania/Dehistán y Geoktchik
Depe indicados (según H. P. Francfort y O. Lecomte, 2002)

1.- Hircania, Dehistán, Balkán

La gran llanura limitada por las orillas del mar Caspio al oeste, la frontera de Irán al sur, las montañas del Kopet Dag por el este, y los macizos del Pequeño y Gran Balkan con el desierto de Karakum por el norte, que hoy forma parte de la provincia de Balkan, fue en la Antigüedad territorio de la región aqueménida de Hircania. Su extremo septentrional, al norte del río Atrek, era el Dehistán, que a diferencia del resto de Hircania, estaba formado por una gran llanura desértica en los primeros siglos de la historia humana.

Pero a finales del II milenio a. C., gentes del valle del Sumbar –en el corazón del Kopet Dag- la colonizaron y convirtieron en un vergel, gracias a la construcción de una gigantesca red de canales que tomaba sus caudal del río Atrek. Aquella pequeña “Mesopotamia” sería el corazón de la cultura que hoy llamamos Dehistán Arcaico, uno de los estados preaqueménidas, cuyos nombres pasarían a señalar los de otras tantas satrapías integradas en el imperio del Gran Rey.

Hoy sabemos que de las estepas septentrionales de Dehistán, fuera de la llanura colonizada, en donde se movían los daha y los parni, nació el Imperio de los Partos, y que en época islámica, Dehistán sería llamada la región de Misrián por una de sus capitales medievales, emporio del comercio de la seda y ciudad destacada del imperio del Jorezm, arrasado por los mongoles a comienzos del siglo XIII. Exterminada la población y cegados los canales, rotas las esclusas y quemadas las aldeas agrícolas, sus cosechas y cultivos, Dehistán-Misrián no volvió a ser habitada. El desierto y la ausencia de pozos la apartaron de las rutas caravaneras. Y el silencio se cernió sobre la enorme llanura.

Hoy, la antigua Dehistán forma parte menor del gran vilayato de Balkan, una de las cinco grandes provincias de Turkmenistán, de notable importancia en la explotación del petróleo y el gas natural. La porción meridional, antigua frontera de la Guerra Fría, es una de las más recónditas del país, y acaso por ello es una de las que promete mayores sorpresas a la investigación moderna. 

Vista de la llanura de Dehistán hacia el norte (foto: J. M.
Córdoba)

2.- El redescubrimiento de una cultura milenaria

A mediados del siglo XIX, Asia Central estaba dividida en múltiples janatos kazajos, uzbekos y turkmenos. Dominada Siberia mucho tiempo atrás por Rusia, las intenciones británicas de extender por el norte su imperio de la India y su influencia sobre Irán, avivaron las apetencias rusas por Asia Central, en competencia con Inglaterra: fue la llamada “Gran Partida”, que habría de durar casi hasta la I Guerra Mundial. Entre 1850 y 1890 el imperio ruso iría ocupando los distintos janatos de Asia Central, e integrándolos en su territorio y su economía. Así, en 1888-89, el ferrocarril alcanzó Samarcanda y Tashkent, y diez años antes de que acabara el siglo, la administración rusa organizó la enorme región en cinco distritos.

Al tiempo, la curiosidad por la cultura, la historia, la geografía y los monumentos de aquellos territorios animó el trabajo de muchos eruditos y curiosos. Así que a fines del XIX, algunas lenguas o escrituras habían sido ya descifradas, y muchos sitios se habían comenzado a excavar, como las ruinas de Afrasiab-Samarcanda o los kurganes del valle de Ferghana, unas y otros a cargo del pionero de la arqueología de Asia Central, N. I. Vesselovski. Compleja y brillante, la primera historia de la investigación anterior a la creación de la Unión Soviética está plagada de hechos y sujetos llenos de interés, y las fotografías tomadas por viajeros curiosos en la “ruta a Samarcanda” resultan el primer documento veraz de un mundo que empezaba a cambiar con sus incipientes museos en Samarcanda (1874), Tashkent (1876) o Asgabat (1899), sus círculos de “amantes de la arqueología del Turkestán” (1895) o con el primer hallazgo de pinturas sogdianas en Afrasiab-Samarcanda por V. L. Viatkin en 1913. Pero los rincones desérticos de Misrián siguieron olvidados.

A partir de los años veinte del siglo XX, con la consolidación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y la maduración de nuevas repúblicas en lo que antes había sido antiguos janatos y dependencias del Turkestán zarista (Turkmenistán, Uzbekistán, Kazajstán, Tayikistán y Kirguistán), la investigación sobre la Antigüedad también cambió radicalmente: las academias de ciencias locales y las grandes instituciones soviéticas emprendieron gigantescos proyectos interdisciplinares para levantar las cartas arqueológicas y acometer metódicamente el estudio del pasado de la región. Las dos principales serían la Expedición al Gran Jorezm, de S. P. Tolstov, y la de  M. E. Masson, en el Turkmenistán Meridional. Las dos dieron origen a centenares de libros, revistas científicas y descubrimientos que aún hoy forman lo esencial de la investigación moderna sobre la historia y la cultura antigua de Asia Central. También, claro está, de la llanura de Misrián y la antigua cultura de Dehistán que nosotros apenas si estamos empezando a estudiar.

Cerámica del Dehistán Arcaico, recogida
en la superficie de Izat Kuli, en el curso de
la prospección del año 2006 (foto: J. M. Córdoba)

En los años cincuenta, V. M. Masson abrió algunos sondeos  arqueológicos en diferentes yacimientos de la llanura de Misrián. Especialmente sugerentes fueron los datos de lugares como Izat-Kuli y Madau, en donde se descubrió una original cultura hasta entonces desconocida, que V. M. Masson llamó Dehistán Arcaico, fechándola entre el 1300 y el 500 a. C. Otros científicos trabajaron por entonces y en las décadas posteriores en la misma región, redescubriendo la densa red de canales medievales y aún más antiguos, que habían hecho posible la vida en la llanura. La arqueología medieval y la red hidráulica recibieron un gran impulso con los trabajos de E. Atagarryev o G. N. Lisitsina; y los estudios sobre la Edad del Hierro fueron proseguidos en los años ochenta por E. Muradova.

En los años noventa, apenas disuelta la Unión Soviética y constituida la nueva República de Turkmenistán, el CNRS francés emprendió un proyecto conjunto en la región de Misrián, enfocado a la Edad del Hierro y centrado en el yacimiento de Geoktchik Depe. Después de tres campañas, el proyecto fue interrumpido por problemas técnicos, si bien el CNRS se volcó en el lejano yacimiento de Ulug Depe, al pie del Kopet Dag y al sudeste de Ashgabat. En su senda,  diez años después, investigadores de la Universidad Autónoma encontramos en la silenciosa llanura de Misrián, el terreno que andábamos buscando hacía tiempo para abrir un proyecto sobre la Antigüedad de Asia Central.   

Campaña del año 2010. Vista de Geoktchik Depe desde el sureste (foto: J. M. Córdoba).

3.- El Proyecto hispano-turkmeno: excavaciones en Geoktchik Depe

Nuestro equipo de investigación lleva trabajando en distintas regiones de Oriente desde comienzos de los años ochenta. Décadas de estudio, docencia e investigación sobre la historia y la arqueología de aquel inmenso espacio histórico-cultural, así como diferentes misiones arqueológicas en Siria, Iraq o los Emiratos Árabes Unidos, nos han ido permitiendo ampliar los horizontes propios de nuestra formación inicial -Oriente como sinónimo de Mesopotamia-, hasta un Oriente antiguo que sin duda abarcó desde el Egeo al Valle del Indo, y desde Asia Central a los últimos rincones de la Península de Arabia. Con la independencia recién obtenida, Turkmenistán acentuó su interés por su patrimonio y su recuperación. Los nuevos hallazgos italo-turkmenos en Nisa (A. Invernizzi, C. Lipollis) – la vieja capital de los partos -, los franco-turkmenos de Ulug Depe (O. Lecomte) y los ruso-turkmenos de Gonur (V. Sarianidi), corazón de la antigua Margiana y del país de Marhasi de los textos mesopotámicos indican todo el potencial de la moderna investigación y la vitalidad científica de la zona.

En el curso del mes de noviembre del año 2006 emprendimos una pequeña prospección arqueológica en la región de Misrián, para conocer los yacimientos, los materiales de superficie y las posibilidades de organizar un proyecto. La experiencia fue magnífica. Una inmensa llanura llena de tells (depes, en la lengua de la región) nos esperaba. Yacimientos como Izat-kuli, Madau o Benguvan sugerían haber sido en el pasado grandes centros del Dahistán Arcaico. Pero la visita a Geoktchik Depe nos convenció de la importancia de lo que debía ser nuestro primer objetivo: terminar de descubrir qué es lo que la misión franco-turkmena empezó a descubrir allí. Porque cuando apenas si empezaba a aparecer lo que aparece un edificio monumental, único en el área, el proyecto franco-turkmeno hubo de abandonarse. Y en fin, tras los avatares mencionados al comienzo de estas líneas, en septiembre del pasado año comenzamos por fin a excavar en el yacimiento de Geoktchik Depe, en el corazón de Dehistán.

Campaña de 2010. Geoktchik Depe, Corte Sur. Adobes de
la plataforma superior (foto: J. M. Córdoba)

Abandonado a mediados de los años noventa, los antiguos cortes y sus perfiles, así como la parte monumental dejada al aire, apenas si dejaban entender los datos que más nos interesaban en principio. Decidimos así abrir una especie de gran sondeo desde la cumbre y los muros meridionales del llamado Edificio Norte, hasta el pie del complejo para ver la existencia propuesta por la misión franco-turkmena, de dos grandes plataformas en cuya masa se habían abierto dos grandes espacios, uno de ellos por lo menos –y probablemente todo el conjunto-, dedicado a prácticas funerarias de las élites dirigentes de las comunidades del Dehistán Arcaico, cuyos asentamientos se levantaban muy lejos de este sitio extraño y aislado.

Además de otras intervenciones menores y puntuales trabajos de conservación en el Edificio Norte, nuestro Corte Sur ha corroborado la presunción hace diez años apuntada. Más aún, la ha documentado y demostrado por vía de excavación, pues el Corte Sur ha permitido comprobar que Geoktchik Depe era una gigantesca construcción monumental, una especie de gran plataforma de unos ochenta metros de frente y más de diez de altura, con una anchura comprobada desde el muro interior sur del Edificio Norte y el pie meridional del frente de la construcción de unos sesenta metros.  

Lejos de los poblados y grandes aglomeraciones que le eran contemporáneas –la más cercana, a unos sesenta kilómetros hacia el sur-, en medio de una llanura que tenía que ser desértica entonces o, al menos despoblada por completo, dada la ausencia de material arqueológico en los alrededores, la importancia de Geoktchik se revela en toda su magnitud: un enorme edificio relacionado con el más allá y, tal vez, con prácticas funerarias propias el Asia Central e el Irán zoroastrianos. Pero a decir verdad, sólo la continuación del proyecto nos permitirá confirmar esta última suposición.     

Campaña de 2010. Frente de la pendiente meridional de la plataforma inferior de Geoktchik
Depe (foto: J. M. Córdoba)

4.- Conclusión

A comienzos del siglo XIV, Ruy González de Clavijo cruzó las llanuras del actual Turkmenistán, camino de Samarcanda y la corte de Tamerlán. Seguir hoy sus huellas es aún empresa difícil, aunque sabemos con certeza que ni él ni sus compañeros se aventuraron por la llanura de Misrián, desierta y sin agua. Nuestro proyecto de investigación trata de recuperar el pasado espléndido de una llanura olvidada, de un periodo de la Historia Antigua apenas conocido. Cierto que la misión turkmeno-española apenas si ha comenzado sus pasos, pero estoy seguro de que dentro de pocos años, podremos estar satisfechos de lo alcanzado.

[1] Por parte española, la primera campaña estuvo integrada por mí mismo y mis compañeros los doctorandos Alejandro Gallego y Montserrat Mañé, así com o por el restaurador, dibujante y arqueólogo Don M iguel Ángel Núñez. Siendo ellos los primeros arqueólogos españoles en toda la historia científica de la región, justo es ponerlo de relieve, así como dejar patente por mi parte, el agradecimiento que les debo por su entrega, su sacrificio y su capacidad de trabajo demostrada en circunstancias bien difíciles.

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