Visita a la última mina de mercurio en actividad

TEXTO DE PABLO L. HIGUERAS HIGUERAS, CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD DE CASTILLA LA MANCHA

El mercurio es un elemento tóxico, que en la actualidad ha perdido la mayor parte de sus aplicaciones como consecuencia de este hecho. Los “incidentes” de Minamata en Japón y de Iraq durante los años 50 y 60 hicieron que se detectase el problema que suponía el (mal) uso de ciertos compuestos de este elemento, y condenaron al cierre a la mayor parte de las grandes minas de cinabrio (sulfuro de mercurio, la mena o fuente mineral de este elemento) al cierre.

Tal fue el caso de las minas de Monte Amiata, en Italia, y de Idria, en Eslovenia, pero no de Almadén en nuestro país, cuyas enormes reservas aún permitían el beneficio del elemento, ni de la de Khaidarkan en Kirguistán, donde los bajos costes sociales permitieron el mantenimiento de la actividad extractiva con beneficios escasos, pero suficientes para un país de tan baja renta. En el 2007 se produce el cierre definitivo de Almadén, y Khaidarkan queda como única mina de mercurio importante del mundo.

Por su parte, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA/UNEP) de “Global Mercury Partnership” busca posibilidades de reducir el impacto ambiental de este elemento, mediante acciones variadas encaminadas en este sentido.

En el caso concreto de Khaidarkan, se establece la posibilidad de convencer al gobierno Kirguiz de la conveniencia del cierre de la mina, y se constituye un grupo de expertos para visitar la zona y dar a conocer el porqué y el cómo de los cierres de las minas de mercurio antes activas. Entre estos expertos figuramos un técnico de la Agencia Americana de Protección Ambiental (USEPA), dos técnicos de la mina de Idria (Eslovenia), y el firmante, anteriormente geólogo de la empresa Minas de Almadén, desde 1990 profesor de la Escuela Universitaria Politécnica de Almadén, y con un largo historial de trabajos sobre el mercurio en muy diversos aspectos.

Nos reunimos como grupo en Biskek, y desde allí partimos hacia Khaidarkan por carretera, conducidos por un conductor suicida de estos que uno encuentra a menudo en países en desarrollo. El viaje aparte de arriesgado fue espectacular, atravesando las montañas a través del paso de Teo-Ashuu hasta el valle de Sasamyr con sus nómadas tradicionales, bordeando el embalse Toktogul, hasta llegar a Osh, donde hicimos los primeros contactos oficiales. De allí el viaje aún se prolongó buscando contactos con empresas y con entidades oficiales, como la escuela de ingeniería minera de Kyryl-Kiya, que pudieran prestar apoyo al proceso de cierre previsto.

Una vez en Khaidarkan, tuvimos ocasión de conocer esta remota mina de mercurio, que nos recordaba a mis amigos eslovenos y a mí la actividad de “nuestras” minas, al igual que la actitud defensiva que siempre mantuvimos frente la las visitas de “grupos ecologistas” nórdicos que en su momento también pretendían convencernos de la necesidad del cierre de nuestras minas. Incluso como anécdota, puedo contar que el “ecólogo” de la empresa bebió mercurio metálico para demostrarnos que “no es dañino”. Y no le falta razón, lo cierto es que el mercurio no es apenas tóxico por exposición directa a sus productos mineros, como es el cinabrio o el mercurio líquido, pero sí lo es por exposición a otras formas como el vapor de mercurio que emite el mercurio líquido, o las especies o compuestos químicos orgánicos que se forman en condiciones naturales a partir de las formas menos tóxicas y se acumulan en los peces, toxificando (que no intoxicando: estos organismos no sufren los efectos del tóxico), la cadena trófica humana.

¿Qué decir de los aspectos técnicos de la visita? Por mi parte, pude comprender que el objetivo de UNEP de conseguir un cierre de la mina no es razonable: por mucho daño que el mercurio pueda producir en el medio ambiente, lo cierto es que es un elemento útil a la sociedad, y aún sigue siendo así considerado, aunque en los países desarrollados existan medidas que limiten su empleo. Mucho más daño hace el tabaco y no se mandan misiones a países productores a convencer a los agricultores del sector que abandonen ese cultivo.

Lo que sí pude identificar es la necesidad de que algunas de las tareas que allí se llevan a cabo se realicen con mejores controles ambientales, de forma que en lo posible se minimicen los riesgos que supone la explotación del metal para el medio ambiente local y para la contaminación global del planeta.

Esa será mi misión en la próxima visita de nuestro grupo  a Bishkek, prevista para mediados de diciembre de este año 2010, intentar hacer ver a las actuales autoridades que el desarrollo pasa (entre otras cosas) por la ciencia y la tecnología, y que uno de los pilares de ciencia y tecnología es precisamente la mejora de los procesos productivos para hacerlos compatibles con la explotación del resto de recursos locales y con la preservación global del planeta. Ojala pueden hacerlo sin tener que renunciar a la riqueza que supone la explotación de sus escasos recursos.

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