Uigures: un pueblo (casi) olvidado

TEXTO DE JANA BRANDT, COORDINADORA DE PROYECTOS EN WORLD UYGHUR CONGRESS (WUC)

Un amigo uigur se refirió una vez a los uigures como “los tibetanos de los cuales no has escuchado hablar nunca” y desde mi modo de ver esta simple frase explica bien la situación a la cual el pueblo uigur se está enfrentando hoy. Tanto su lucha cómo su sufrimiento son desconocidos para la mayor parte de la gente y mientras que la situación de los tibetanos es famosa a nivel global la situación de los uigures, igual o incluso peor, es ignorada y olvidada.

El pueblo uigur, que hoy comprende entre 10 y 12 millones de personas (de acuerdo a cifras oficiales), habita mayoritariamente en una región que se sitúa en el noroeste de la República Popular China (RPC) y cuyo nombre oficial desde el 1 de octubre de 1955 es “Región Autónoma Uigur de Xinjiang” (Xinjiang Uyghur Autonomous Region, XUAR en inglés). “Xinjiang”, que significa algo como “territorio nuevo o “fronteras nuevas”, es un nombre rechazado por muchos uigures, ya que representa la ocupación china de esta región, y en su lugar, éste pueblo prefiere el nombre de Turquestán Oriental[1] que corresponde mejor con su historia. Los uigures son un pueblo túrquico y como tal, comparten historia, cultura y lengua con los usbekos, kazajos, kirguises, turcomanos, azerís y turcos por mencionar sólo los grupos más grandes. Turquestán Oriental, que constituye una sexta parte de China, fue una república independiente dos veces (en 1933 y 1944) y fue en 1949 cuando el Ejército Popular de Liberación chino ocupó Turquestán Oriental militarmente y lo convirtió en región autónoma unos años más tarde. Los uigures son hoy una de las 55 minorías reconocidas en la RPC.

A pesar de que Turquestán Oriental tiene en la actualidad oficialmente el estatus de autonomía, ésta existe sólo en el papel y no en la práctica. Cabe destacar que tanto la Constitución china como la Ley de Autonomía Regional Étnica (REAL en sus siglas inglesas) garantizan muchos derechos fundamentales a la población uigur, tales como: la libertad de usar y desarrollar su lengua propia, tanto a nivel oral como a nivel escrito; el derecho de ser educado en la lengua propia; la libertad de preservar sus costumbres y tradiciones y la libertad de creencia religiosa. La legislación prohíbe además la discriminación y opresión de cualquier pueblo y estipula el trato preferencial para minorías nacionales en el mercado laboral. Pero si nos adentramos en la historia reciente del pueblo uigur, es fácil observar que estos derechos en la práctica son violados de forma regular. En los últimos años dos acontecimientos han marcado profundamente la historia del Turquestán Oriental, los cuales han tenido y siguen teniendo un impacto fuerte sobre la población uigur: los ataques del 11-S y los sucesos de julio de 2009.

Los ataques del 11-S en los Estados Unidos y el sucesivo lanzamiento de la “guerra global contra el terrorismo” han llevado consigo un incremento drástico en la opresión de los uigures. Las autoridades chinas encontraron en el 11-S la excusa perfecta para la represión de cualquier forma de disidencia uigur (a nivel social, político y cultural) y para atribuir cualquier incidente violento en la región a las así llamadas “tres fuerzas” (terrorismo, separatismo y extremismo religiosos)[2], fundamentándose en el hecho de que los uigures son mayoritariamente musulmanes. Esto ayudó a estigmatizarlos con estereotipos negativos  que existen hoy en día sobre el Islam, ignorando el hecho que los uigures tradicionalmente practican una forma muy moderada del sunismo. Adicionalmente, el gobierno chino reforzó su posición a raíz del encarcelamiento arbitrario de veintidós uigures en la base militar de Guantánamo. Años más tarde, los veintidós hombres fueron declarados inocentes y excepto cinco, todos han sido trasladados – en contra de la fuerte oposición china – a terceros países donde residen actualmente. Para los cinco restantes se está buscando en este momento un país de acogida, pero debido a la fuerte presión política y diplomática ejercida por las autoridades chinas sobre los gobiernos de posibles países de acogida, los intentos han fracasado. Lo que es importante subrayar en el asunto de Guantánamo desde una perspectiva de Derechos Humanos, es el reconocimiento explícito de la persecución sufrida por los uigures en la China de hoy y la consiguiente imposibilidad de devolver a los ex presos a su país de origen donde están en extremo peligro de detención, tortura u otras formas de maltrato.  

En los años posteriores al 11-S, las tensiones en la región aumentaron hasta desatarse en los acontecimientos de 2009. En la tarde del 5 de julio de 2009, miles de uigures, sobre todo estudiantes, se manifestaron pacíficamente en Urumchi, la capital regional de Turquestán Oriental, contra la falta de acción del gobierno con respecto a un ataque mortal contra trabajadores uigures de una fábrica en Shaoguan (provincia de Guangdong) en el sur de China finales de junio de 2009. Algunos chinos de etnia Han[3] habían asesinado a palos a por lo menos dos, pero posiblemente una decena de uigures después de escuchar el rumor en la ciudad de que uigures habían violado a dos chicas Han (rumor que nunca se pudo demostrar). Con la manifestación, que había sido anunciada durante días en diferentes foros en Internet, los participantes pidieron justicia por las muertes violentas y se reunieron a la vez para conmemorar a las víctimas. Poco después del inicio de la manifestación, las fuerzas de seguridad chinas procedieron con violencia masiva contra los manifestantes a fin de disolverlos. De acuerdo a testigos presenciales, las fuerzas de seguridad cometieron asesinatos extrajudiciales entre los manifestantes, cientos de personas fueren heridos y las autoridades detuvieron a miles de personas, sobre todo a hombres uigures. Muchos de ellos siguen desaparecidos hasta hoy. Un día más tarde, el 6 de julio, varios miles de chinos Han, armados con cuchillos, machetes y palos, iniciaron una cacería de uigures (que ellos responsabilizaron de los sucesos del día anterior) para vengar las victimas mortales de la etnia Han, asesinando a muchos uigures.

Aunque es cierto que hubo violencia en los dos lados, los testimonios que han surgido desde julio de 2009 afirman que las fuerzas de seguridad emplearon una violencia excesiva contra los manifestantes uigures y algunos videos que circulan en Internet demuestran el papel activo de las fuerzas de seguridad en el llamamiento a la violencia contra la población uigur de la ciudad. Así por ejemplo incitaron a los chinos Han con consignas y discursos incendiarios a atacar a los uigures en la ciudad. Existen imágenes donde las fuerzas de seguridad proveen de barras de hierro y palos a los chinos Han. En cambio, el gobierno chino acusó a “fuerzas separatistas en el extranjero” de haber instigado las protestas y de haber incitado la violencia. Además, ha mostrado a los chinos Han como principales víctimas de los sucesos, mientras que acusa a los uigures de perpetradores principales. Organizaciones internacionales de derechos humanos como Amnistía Internacional (AI) o Human Rights Watch (HRW) cuestionan la versión oficial de los sucesos, basándose en decenas de testimonios recogidos e investigaciones propias realizadas. Según los datos publicados por la agencia estatal de noticias Xinhua de China, 197 personas murieron (la mayoría chinos Han) en aquellos días, pero el World Uyghur Congress (WUC) estima – basado en informes de testigos oculares – que más de 1.000 personas, sobre todo uigures, perecieron en los disturbios. Sin embargo, el número exacto de víctimas es aún desconocido, dado que las autoridades chinas se niegan a la posibilidad de una investigación independiente acerca de los acontecimientos.

Desde julio de 2009 las autoridades chinas han nuevamente incrementado la represión de los uigures.  Para entender lo que hoy está sucediendo en el Turquestán Oriental, el 5 de julio de 2009 es fundamental, ya que existe un antes y un después. Desde los eventos de julio de 2009, los uigures han sido objeto de detenciones masivas y arbitrarias y de desapariciones forzadas (incluido de menores). Muchos uigures han sido condenados a duras penas de prisión, incluso a muerte, tras juicios plagados de una intensa politización y sin garantías procesarías. La libertad de opinión, expresión y de religión ha sido violada de forma sistemática y muchos periodistas, escritores, y blogueros uigures, tales como Gulmire Imin, Gheyret Niyaz, Memetjan Abdulla o Dilshat Perhat, han sido detenidos y condenados a largas penas de prisión, abusando de vagas disposiciones en el Código Penal chino, tales como “amenazar la seguridad del Estado” o “alterar el orden público”.

Para entender porqué pasó lo que pasó en julio de 2009 es importante mirar más allá de lo sucedido en Shaoguan, ya que se debe atribuir las razones para las protestas a la continua negación de los Derechos Humanos de los uigures. En los últimos diez años han sufrido una dura represión política, económica y social, así como una campaña institucionalizada contra la libertad de expresión y la identidad religiosa y cultural. Al mismo tiempo, las políticas agresivas implementadas por el gobierno chino en el Turquestán Oriental han tratado de diluir y erosionar la identidad étnica uigur y de asimilar a los uigures en la cultura china:

El idioma: En 2002, Wang Lequan, el ex – secretario del Partido Comunista de la región, declaró que el idioma uigur estaba “fuera de la sintonía con el siglo 21” y desde 2004 el gobierno ha aumentado sus esfuerzos para cambiar el idioma de enseñanza en todo el sistema educativo en la región, reemplazando el uigur por el chino mandarín. Según las autoridades el plan era convertir el sistema escolar en “bilingüe”, pero los últimos años han demostrado que la tendencia es la completa eliminación de la enseñanza en uigur o la relegación de la lengua a un segundo plano. En 2008, el presidente de la XUAR Nur Bekri calificó las críticas al sistema educativo “bilingüe” como un ataque de las “tres fuerzas” y las cortes implementaron condenas de prisión para personas como la periodista uigur Mehbube Ablesh por criticar estas medidas. El lenguaje es sin lugar a duda el elemento fundamental de la identidad de un grupo étnico, y negar el derecho a mantener y utilizar su propia lengua, significa negar la capacidad de mantener la identidad propia.

La religión: Como se ha mencionado anteriormente, las autoridades chinas utilizan la fe musulmana uigur y la “guerra global contra el terrorismo” como pretexto para perseguir y reprimir al pueblo uigur con fuertes campañas de seguridad. La actividad religiosa es duramente restringida y controlada por las autoridades a pesar de que el Islam es una de las cinco religiones reconocidas en la Constitución china que a la vez garantiza la libertad religiosa sin la interferencia del Estado. Desde los eventos de julio 2009, las autoridades han aumentado las restricciones, que incluyen: el encarcelamiento de líderes religiosos; la prohibición de reuniones religiosas, como también de prendas consideradas “religiosas”; el control de publicaciones religiosas; la formación de líderes religiosos de acuerdo con doctrinas estatales; las restricciones en el ejercicio del Ramadán; y la prohibición del acceso a mezquitas para mujeres, funcionarios y menores de 18 años. Son muchos los uigures que han sido encarcelados por hacer uso de su derecho a la libertad religiosa, como por ejemplo Ghojaexmet Niyaz, Qahar Mensur, Muhemmed Tursun y Nurtay Memet.

Políticas de reasentamiento: Durante las últimas décadas, el gobierno chino ha tratado de consolidar su control sobre el Turquestán Oriental a través del traslado masivo de chinos Han del interior de China a Turquestán Oriental. Mediante beneficios económicos y sociales amen de condiciones preferenciales en trabajo y educación, los chinos Han se han convertido en los principales beneficiarios del desarrollo en el Turquestán Oriental, una región rica en recursos naturales como el gas, petróleo y carbón. Estas políticas migratorias han producido un drástico cambio demográfico en la región. Mientras que en 1949, la población Han sólo representaba un 6% de la población total de la región, actualmente un 40% de la población de Turquestán Oriental son de etnia Han y un 45% uigures (la población total en Turquestán Oriental es de aproximadamente 22 millones). Aunque los uigures siguen constituyendo la mayoría en la región, el peso demográfico se está inclinando cada vez más a favor de los chinos Han, convirtiendo a los uigures en forasteros en sus propias tierras.

Traslado forzoso de mujeres: Mientras que el gobierno fomenta el reasentamiento de chinos Han en el Turquestán Oriental, desde el 2006 las autoridades recurren a la intimidación, las amenazas y el engaño para reclutar a uigures para participar en programas laborales en fábricas en el este de China. El gobierno centra sus esfuerzos en el reclutamiento de mujeres jóvenes de zonas predominantemente uigures del sur de Turquestán Oriental. Hasta ahora, varios miles de mujeres y niñas uigures han sido reclutadas bajo condiciones laborales abusivas con este programa. Los métodos utilizados por las autoridades locales para obligar a las mujeres a participar incluyen medidas muy duras. Así por ejemplo, las familias son amenazadas con multas elevadas si no envían a los miembros de la familia a participar en el programa. Los agricultores uigures son amenazados con la confiscación de sus tierras de cultivo y la destrucción de sus hogares si se niegan a permitir que sus hijas participen. Y las mujeres jóvenes son amenazadas con la confiscación de sus tarjetas de registro de residente y la denegación de certificados de matrimonio si deciden no participar. Las autoridades prometen al mismo tiempo salarios y condiciones laborales atractivos. Sin embargo, los testimonios de mujeres que han participado en tales programas, revelan una situación muy distinta: el maltrato físico en las fábricas es común, las jornadas laborales son excesivamente largas, los salarios son retenidos durante meses como “depósitos”, los sueldos son embargados o se emplea una deducción salarial de los costos como el transporte a la fábrica y las mujeres sufren problemas de salud serios causados ​​por pésimas condiciones higiénicas en el lugar de trabajo como también en los alojamientos.

Trabajo forzoso: Turquestán Oriental es la única región de China donde el gobierno somete a civiles (no presos) a trabajo forzoso. Bajo un sistema denominado “hashar”, familias campesinas uigures son multados si no envían por lo menos un miembro de la familia, a veces varias veces al año, a trabajar en la agricultura, las infraestructuras y otros proyectos de obras públicas para un periodo de dos a tres semanas. Las personas no reciben ningún tipo de remuneración y no están provistos de habitación o pensión, con el gravante de que deben pagarse los costos de transporte.

Test nucleares: De 1964 a 1996, el gobierno chino llevó a cabo aproximadamente 45 pruebas nucleares atmosféricas y subterráneas en Lop Nor, en el sur del Turquestán Oriental. El gobierno terminó las pruebas oficialmente en 1996 tras la firma del Tratado de No Proliferación Nuclear. Hasta hoy el gobierno no ha hecho prácticamente nada para hacer frente a los efectos catastróficos de salud y de medio ambiente. Se estima que 194.000 personas habrían muerto como consecuencia de la exposición a la radiación aguda.

Rebiya Kadeer, voz de las reivindicaciones uigures

Se debe condenar en los términos más enérgicos cualquier acto de violencia, independientemente de quien lo cometa,  pero aún así es legítimo afirmar que es la actual política china – que ahoga al pueblo uigur – la que causa incidentes como los de julio de 2009. Son políticas similares las que causaron los incidentes violentos de 2008 en el Tíbet y las que este año provocaran que casi una decena de monjes tibetanos se inmolaran como último recurso de protesta en contra del gobierno chino. Sin embargo, las autoridades chinas insisten una y otra vez que son “fuerzas exteriores” los responsables de este tipo de incidentes en lugar de enfrentarse a las causas reales.

Ahora, existen en la opinión pública internacional pocas dudas sobre las causas de incidentes violentos en el Tíbet, además de que el apoyo a la causa tibetana es enorme. Lamentablemente no sucede lo mismo con la causa uigur la cual debe hacer muchos esfuerzos para recibir la solidaridad internacional tan necesitada. Incluso en los medios de comunicación a menudo prevalece un lenguaje que en cierta manera fomenta una percepción menos amigable hacia los uigures. En la prensa de habla inglesa se lee muy a menudo la palabra restive (que significa bravío o inquieto) en conexión a Turquestán Oriental (“Restive Xinjiang”, “China’s Restive Xinjiang Region”, “China tightens security in restive Xinjiang”, “Restive north-west China”, etc.). ¿Pero realmente es una región tan inquieta? ¿O es más bien una región “vendida” como tal?

Hay expertos que estiman que en la China hay actualmente hasta 100.000 protestas por año (lo cual corresponde a aproximadamente 270 protestas por día) por razones variados tales como la corrupción, el reasentamiento forzoso, las injusticias sociales o la contaminación del medioambiente. Entonces, si hay unas 100.000 protestas por año en todo el país, ¿no sería más adecuado hablar de China como un país inquieto en lugar de resaltar una sola región del país como “inquieta”? Y algo más: De todas estas protestas, ¿cuántas se hacen públicas? Y de las que son públicas, ¿cuántas son denominadas “actos terroristas”? Actos terroristas sólo “existen” en el Turquestán Oriental y pase lo que pase allá, el gobierno chino siempre los denomina como tales, lo cual acarrea cierta connotación negativa sobre el tema.

Después de julio de 2009, las autoridades chinas empezaron a invertir millones de yuanes en la economía de Turquestán Oriental para aumentar la estabilidad política de la región y lograr el objetivo auto-impuesto de “armonía social”. Sin embargo, es un error pensar que una economía creciente por sí sola ayude a pacificar a la población, sobre todo cuando una gran parte de ella está excluida del boom económico y sus derechos fundamentales no son respetados. Mientras sea la población Han el principal beneficiario de las medidas políticas y económicas, las tensionen en la región persistirán, tal como muestran varios incidentes violentos en las ciudades de Hotan y Kashgar en julio de 2011.

Kashgar, cuna de la identidad uigur y una de las ciudades más emblemáticas de la legendaria Ruta de la Seda, se ha convertido en uno de los símbolos de la política de asimilación china. En febrero de 2009 el gobierno chino lanzó bajo la excusa de la modernización y de la seguridad antisísmica un plan de “restructuración” de la Ciudad Vieja de Kashgar que se manifiesta en la destrucción gradual del centro histórico. Los funcionarios chinos han hecho caso omiso de las súplicas de los conservacionistas nacionales e internacionales y grupos de derechos humanos para detener la demolición de la Ciudad Vieja. Sin éxito. Se estima que la mayoría de la Ciudad Vieja habrá desaparecido a finales de 2011. Los más de 200.000 residentes uigures enraizados en la Ciudad Vieja antes de febrero de 2009 han sido excluidos de cualquier proceso de toma de decisión respecto la remodelación de su ciudad y son muchos los que han perdido sus casas. El patrimonio de generaciones de uigures es arrebatado sin recompensa adecuada. Lo poco que quedará de la Ciudad Vieja será convertido en una especie de parque turístico y es por ello que se habla también de la “disneyficación” de Kashgar. El Parlamento Europeo condenó la destrucción de la ciudad en una resolución de marzo de 2011, pero iniciativas como éstas llegan demasiado tarde.

Son muchos los uigures que han huido de la represión y discriminación sufrida en las últimas décadas, pero los refugiados y los solicitantes de asilo uigures en distintos lugares del mundo se encuentran en riesgo extremo de ser extraditados a China, donde están en peligro de sufrir desapariciones forzadas y detenciones arbitrarias. Refugiados uigures son especialmente vulnerables en toda la región asiática donde el gobierno chino ha extendido su poder político y económico. En los últimos diez años al menos 170 refugiados uigures, acusados por el gobierno chino de ser “terroristas” o “criminales” (muchos de los cuales habían sido reconocidos como refugiados por el ACNUR) han sido devueltos desde países como Camboya, Kazajstán, Kirguistán, Laos, Malasia, Myanmar, Pakistán, Tailandia, Tayikistán y Uzbekistán. A cambio, estos países fueron recompensados por el gobierno chino con beneficios económicos y políticos. La gran mayoría de estas personas han “desaparecido” después de su deportación, algunos han sido detenidos y condenados a penas de prisión y otros fueron ejecutados. Estas extradiciones representan una violación flagrante de los tratados internacionales sobre los Derechos Humanos, especialmente de la Convención de la ONU contra la Tortura y de la Convención sobre Refugiados de 1951 y su Protocolo de 1967, así como del derecho internacional Consuetudinario.

Es menester reconocer que el silencio internacional ante lo que está sucediendo hoy en el Turquestán Oriental es cada vez menor, sobre todo gracias a los esfuerzos hechos por organizaciones de uigures en el exilio que trabajan incansablemente por mantener el tema en la agenda internacional. Adicionalmente, la aparición de la carismática líder uigur Rebiya Kadeer en la escena internacional ha permitido de sumar voces a favor de su pueblo. Rebiya Kadeer le ha puesto el rostro a la causa uigur que tanta falta hace en un mundo mediático como el nuestro. La líder uigur no puede ser comparada con el Dalai Lama, pero su historia personal y su encarcelamiento durante casi seis años en prisiones chinas por alzar su voz a favor de los derechos humanos de los uigures (lo que la ha convertido en ganadora de muchos premios de derechos humanos y aparte ha sido nominada varias veces por el Premio Nobel de la Paz), la han convertido en una voz muy respetada a nivel internacional. Sus visitas y encuentros con líderes políticos internacionales provocan regularmente una fuerte irritación en el gobierno chino que quisiera silenciarla a toda costa. Sin embargo la acción creciente de varios gobiernos, ONG, instituciones internacionales e individuos a favor de los reclamos de los uigures han ayudado para dar a conocer su sufrimiento y ayudarán a conseguir algún día la paz para este pueblo.  

 

[1] En este texto se utilizará el nombre de Turquestán Oriental para referirse a la región de Xinjiang, respetando el derecho de los uigures de elegir el nombre para su patria. El uso de “Turquestán Oriental” es similar al uso que hacen los tibetanos de “Tíbet”; es decir, los tibetanos utilizan “Tíbet” como nombre para su patria y no el nombre chino oficial “Xizang”.

[2] Las „tres fuerzas“ es un concepto desarrollado por el gobierno chino para referirse al extremismo, al separatismo y al terrorismo (utilizando estos tres términos prácticamente como sinónimos) y son éstas las fuerzas que según el gobierno están sido utilizadas para intentar de separar Turquestán Oriental/Xinjiang de China. Sin embargo, el malestar uigur no se basa tanto en la ausencia de una Estado propio, sino sobre todo en las violaciones sistemáticas de sus derechos más básicos como ciudadanos. 

[3] El grupo étnico de los Han es un grupo étnico de China y constituyen más del 90% de la RPC.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *