Leopardo de las nieves: el señor de la montaña

TEXTO DE ISAAC VEGA, DIRECTOR DE WWF EDICIONES

Legendario, majestuoso y solitario, el leopardo de las nieves es una autentica leyenda zoológica que sobrevive entre conflictos políticos y el impacto del comercio ilegal de algunas de sus partes más codiciadas, como sus huesos o piel. Quedan menos de 7.000 en libertad y unos 600 en parques zoológicos.

Próximo al techo de las grandes cumbres centroasiáticas, allí donde una excursión de senderismo puede convertirse en la última gran aventura de un naturalista aficionado, se hallan las últimas poblaciones de un singular felino: el leopardo o pantera de las nieves, también conocido como leopardo nival o irbis (Uncia uncia).

Leopardo de las nieves en las Montañas Rocosas, Montana, EE.UU. (animal en cautividad entrenado para proyectos de fotografía y filmación) © Klein & Hubert / WWF

En 1970, un consultor de WWF, George Schaller se encontraba al norte de Pakistán, en la región himalaya de Chitral Gol, estudiando las poblaciones de ovejas y cabras salvajes. De repente y como salido de la nada, ante la lente de sus prismáticos apareció una hembra de 4 años de un espejismo asiático con manchas en roseta. Era la primera vez que un occidental tenía la oportunidad de retratar a un animal al que los conservacionistas mantenían la esperanza hallar vivo gracias a las frecuentes ventas de pieles en los mercados asiáticos. Durante las dos primeras décadas del siglo XX, las exportaciones de pieles de leopardo de las nieves llegaron a suponer la desaparición anual de 1.000 ejemplares. Poco después Schaller desarrolló un intensivo estudio y confirmó que el hermoso “gato” se encontraba en peligro de extinción; sólo quedaban entre 4 y 5 individuos por cada 300 km2.

Un felino solitario

Años después, Rodney Jackson, también consultor del WWF y miembro del International Snow Leopard Trust, viajaba a Kanjiroba (Nepal, 1976) y al Valle de Langu (1982) para seguir los pasos de Schaller y capturar ejemplares vivos a los que colocar un collar transmisor para estudiar sus movimientos, preferencias de alimentación y hábitat; el equipo de Jackson capturó, marcó y siguió a cinco ejemplares (3 machos y 2 hembras). Es tal la dificultad de observar y más capturar animales vivos que en un estudio del WWF desarrollado por Madan Kumar Oli en el Annapurna (Nepal), de un total de 935 trampas nocturnas para su captura sólo dos tuvieron éxito.

Gracias a los transmisores, Jackson descubrió algunos enigmas de su comportamiento, como que el irbis cambia cada día de territorio de caza; también que en el Valle de Langu resultaron ser crepusculares, activos de madrugada y al atardecer. Sin embargo, los animales estudiados en Pakistán y Asia Central se mostraron más nocturnos, tanto más cuanta mayor era la presencia humana, cazadores furtivos o pastores con rebaños.

Leopardo de las nieves en invierno © Klein & Hubert / WWF

Contrariamente a lo que su nombre podría indicar, la pantera de las nieves habita las escarpadas y rocosas laderas de las montañas centroasiáticas, justo por debajo del límite de las nieves perpetuas (unos 3.000 m de altitud), ambientes prácticamente desprovistos de vegetación que ofrecen un paisaje estepario árido o semiárido. No obstante, en verano pueden ascender a altitudes superiores a los 5.500 m, mientras que en los inviernos especialmente duros pueden llegar a descender a los 600 m, colonizando bosques de coníferas; estudios realizados en India y Pakistán han registrado su presencia ocasional en abetales, pinares, encinares e impenetrables bosques de rododendro.

Bharales, markhor, marmotas…

Al igual que sucede con otros grandes predadores, la escasez de presas es una de las principales razones de su declive. Según Rodney Jackson, un adulto necesita cada año para su subsistencia entre 20 y 30 bharales o cabras azules (Pseudois nayaur), un caprino de cuernos lisos que llega a pesar hasta 75 kilos. Su seguimiento por radio‑tracking indica que el irbis caza una pieza cada dos semanas. La presa es aprovechada durante 3 ó 4 días, llegando en algunos casos hasta la semana; consume todo el animal excepto su esqueleto, piel y vísceras, y lo defiende de carroñeros como los buitres del Himalaya.

Es más un predador oportunista que un marcado y exigente especialista, y sus presas varían según las regiones: desde ungulados a roedores, pasando por aves como los faisanes. En cualquier caso, prefiere los herbívoros silvestres de mediano y gran tamaño que pacen en las praderas alpinas y subalpinas de las montañas centroasiáticas: íbices, muflones, bharales o cabras azules, marmotas, yaks, gorales grises, takines, thares del Himalaya, zorros rojos, garduñas, serows, ciervos almizcleros, jabalíes, caballos o los cada vez más escasos markhores o cabras indias. Para darles caza, suele acechar en lo alto de una loma, tras una roca o en cualquier escondrijo de una garganta, y saltar distancias de hasta 10 metros y librar obstáculos de 3 ó 4 metros.

Leopardo de las nieves (Uncia Uncia) en cautividad © naturepl.com /Lynn M. Stone / WWF

Estudios desarrollados en el Parque Nacional de Khunjerab sugieren que en verano las marmotas son su principal fuente de alimentación; Schaller confirmó que en Qinghai (China) la marmota constituía el 45% de su dieta estival. Llegado el invierno, cuando las marmotas hibernan, el irbis desvía su atención a las cabras azueles o bharales, íbices, yaks o el ganado doméstico. Caza animales que viven a gran altitud, allí donde no llegan los agricultores, ni los pastores con sus rebaños. El conflicto de intereses surge en los inviernos duros, cuando la frontera de las nieves perpetuas baja y los herbívoros silvestres escasean. El felino desciende en altitud y coincide en el espacio con despensas de alimento atendidas por pastores. En las últimas décadas, el descenso de las poblaciones del markhor o cabra india por sobreexplotación cinegética está forzando al leopardo de las nieves a entrar en contacto con pastores y agricultores con más frecuencia de lo normal.

Menos de 7.000 ejemplares en 12 países

Tras haberse extinguido en algunas regiones de su original área de distribución, como muchas áreas de Mongolia, y sufrir una fuerte regresión en ciertas áreas (como Kirguistán, donde a finales de los 80 había 1.200-1.400 leopardos, el 75% del total de la URSS, y hoy quedan menos de 500), en la actualidad se estima que existen entre 4.080 y 6.590 ejemplares, que viven un vasto territorio unos 2 millones de km2 (una superficie similar a México o Groenlandia), perteneciente a 12 países: Afganistán (100-200), Bután (100-200), China con el 60% de su hábitat (2.000-2.500), India (200 600), Kazajstán (180-200), Kirguistán (150-500), Mongolia (500-1.000), Nepal (300-500), Pakistán (200-420), Federación Rusa (150-200), Tajikistán (180 220) y Uzbekistán (20-50).

Su persecución para comerciar con su piel y ser exhibido en zoos y circos durante el pasado siglo catapultó al felino al pozo de las especies en peligro de extinción y a partir de los años 70 comenzaron a tomarse medidas para evitar su desaparición. Así, en 1975 fue incluido en el Apéndice I del CITES, en 1985 en el Apéndice I de la Convención de Especies Migratorias, en 1988 en La Lista Roja de la UICN; en 2002 pasó a la categoría de “En Peligro” (donde aún continúa según la última revisión de 2008).

Leopardo de las nieves en cautividad © naturepl.com /Francois Savigny / WWF

Su inclusión en el CITES marcó el inició del descenso de la venta de pieles, y a mediados de los 80 las campañas antifurtivismo de los grupos ecologistas como WWF redujeron de forma drástica su presencia en los mercados. En los últimos años y según un informe de la red Traffic (WWF-UICN) se está produciendo un nuevo incremento en la venta de pieles en la Federación Rusa y Asia Central. Así, por ejemplo, a principios de los 90 la cifra se multiplicó por cuatro en los mercados de Kirguistán y en Mongolia, en solo una década se decomisaron 67 pieles.

Hambriento y perseguidos por los furtivos

Las principales causas naturales de su declive son, por un lado, la falta de presas habituales, debido a la competencia por el forrajeo con los rebaños o la sobrepresión cinegética (que puede derivar en esporádicos ataques al ganado); y, por otro, la persecución a que se ve sometido por algunos pastores que protegen su ganado, o por furtivos que ansían conseguir su piel y otras partes (huesos, garras, carne y órganos sexuales de los machos), para serán utilizadas como ingredientes base en preparados afrodisíacos y/ o reconstituyentes de la medicina oriental.

El odio que llegan a mostrar los granjeros de la región del Annapurna es tan arraigado que para algunos la única solución es la exterminación completa de la especie. Los esporádicos ataques de leopardos suponen una muy importante merma en su economía: una pérdida del 2,6% del ganado de un rebaño (la media de lo que suele suceder), un cuarto de todos sus ingresos anuales, al tiempo que la venta de una piel de leopardo supone los ingresos de un año para una familia de pastores.

Por este motivo, no es raro que sean los pastores quienes den caza y vendan las pieles. Por cada piel el intermediario suele pagar unos 50 euros y cobrar entre 350 y 500 (para confeccionar un abrigo hacen falta unas 16 pieles y el precio final es de unos 48.000 euros); en las tiendas de turistas de Ulanbaatar (Mongolia) se venden a los turistas a 800 euros. Además de por turistas, las pieles son muy demandadas por los integrantes de las clases sociales influyentes de Pakistán, Mongolia, repúblicas centroasiáticas y Federación Rusa.

Un leopardo de las nieves atravesando una ladera rocosa. Parque Nacional de Hemis, Ladakh, Jammu y Kashmir (India) © National Geographic Stock/Steve Winter / WWF

Sus huesos son muy apreciados y demandados por la medicina tradicional asiática y hay evidencias de su empleo desde China a Nepal. En las últimas décadas esta demanda ha aumentado debido al mayor control sobre el comercio de huesos de tigre. La venta de sus partes se da en todo el rango de su distribución a excepción, parece ser de Bután, y el seguimiento y control de esta actividad ilegal se ha hecho especialmente difícil tras el desmembramiento de la antigua URSS, a principios de los 90. A pesar de los intensos controles aduaneros y de las cada vez más numerosas patrullas antifurtivos, la corrupción y las dificultades del terreno desequilibran la balanza hacia el lado de quienes especulan con la vida. Los mercados y bazares asiáticos son la antesala de una venta a intermediarios que tiene un destino final en los mercados negros de Europa, Norteamérica y Asia. Otros factores que también inciden son la fragmentación del hábitat, el trampeo y el uso del veneno.

En general, los conflictos con los ganaderos son la mayor amenaza en la región del Himalaya y en las montañas del Karakorum y el Hindu Kush, mientras que la caza para el comercio de sus partes incide en mayor grado en Asia central y en las poblaciones que viven al norte de su área de distribución: Altai y montañas de Tien Shan (China), Mongolia y Federación Rusa.

Más sensibilización y mejor protección

Desde hace algunos años, los gobiernos de algunos países como China, Nepal y Pakistán están declarando protegidas, bajo una fórmula similar a la de los parques nacionales y reservas occidentales, algunas de las regiones donde habitan los leopardos de las nieves. Lugares como el Parque Nacional de Khunjerab (2.669 km2) y el Parque Nacional de Chitral Gol (200 km2), ambos en Pakistán, el Área de Conservación del Annapurna (Nepal), el Santuario para la Vida Salvaje de Kulongechu (Bután) o el Parque Nacional de Shey-Phoksundo. El problema es que muchas de las áreas protegidas son demasiado pequeñas, en ocasiones, insuficientes para proteger el área de campeo de un solo animal; además, la mayoría de los países no disponen de suficientes recursos para mantener una guardería entrenada que asegure la protección de los leopardos y su hábitat.

En 2002, el International Snow Leopard Trust convocó en Seattle (EE.UU.) a 52 expertos de 17 países para definir la estrategia de conservación para el leopardo de las nieves. Las nuevas rutas de navegación insistieron en la prevención del comercio ilegal (entrenamiento de guardería para la lucha contra el furtivismo, la mejora del control en fronteras y mercados, el endurecimiento de la legislación y el desarrollo de programas de sensibilización para la población) y en el desarrollo de programas de conservación y manejo integrados con la población rural que fomenten la convivencia, planes que incluyen el pago de compensaciones por daños, la construcción de corrales para el ganado, la eliminación del uso del venenos y trampas no selectivas, y un aprovechamiento sostenible de los recursos del área que reviertan en la población local con especial incidencia en el buen manejo de los recursos cinegéticos y el fomento del turismo no agresivo. En esta línea de actuaciones resulta ejemplar el trabajo desarrollado por la UICN, la AKRSP y WWF en el Valle de Bar, próximo a Gilgit (Pakistán).

Claramente, la continuidad de la especie depende de la concienciación de los potenciales compradores de pieles, de una mayor eficacia en el control fronterizo y de los mercados, y de una convivencia armónica entre el felino y la población local, algo que por ahora parece inalcanzable. Mucho es lo que está en juego. Como hace años afirmó Rodney Jackson a un periodista, el leopardo de las nieves es un excelente barómetro para medir la salud del ecosistema de montaña y de las poblaciones de herbívoros de Asia Central. En las regiones donde vive el forraje y la vegetación de herbáceas son más productivos las poblaciones de herbívoros silvestres son abundantes, los rebaños de yaks y ovejas domésticos resisten más a las enfermedades, son más pesados, dan más carne y más leche y, sobre todo, son menos atacados por las panteras de las nieves. Protegiendo al irbis y su hábitat conservamos a cientos de especies menos llamativas que conviven con esta hermosa especie bandera, desde algunas mariposas al ciervo almizclero. Finalmente y desde el punta de vista humano, el leopardo de las nieves es un excelente embajador que puede contribuir a fortalecer la colaboración y cooperación entre numerosos países del centro de Asia que necesitan conservar sus recursos naturales, el sustento de su futuro, que es también el nuestro.

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