La alegría de un hijo venido de muy lejos

TEXTO DE RAQUEL ALCALDE

Nuestra aventura por tierras de Asia Central empezó un día caluroso de agosto del 2006. Nos llamaron para ir a ver a nuestro hijo, que nos estaba esperando en Kazajstán.

La verdad es que aquí, en España, estos países no son nada conocidos ni oídos. Cuando fuimos a una reunión informativa en nuestra comunidad nos comentaron los países que estaban abiertos para la adopción y entre todos ellos estaba Kazajstán; más o menos sabíamos por dónde andaba y cómo son sus gentes. Así que no lo dudamos, buscamos información para poder tener más claro adonde íbamos a ir y, sobre todo, para conocer las raíces de nuestro hijo; pudimos encontrar toda la información en Internet, tanto en foros americanos como  en españoles.

Uno de nuestros puntos decisivos para tomar esta decisión tan importante fue, sobre todo, ver cómo estaban de bien cuidados los niños allí, siempre dentro de las necesidades que pudieran tener. El que tuvieran habitaciones con pocos niños cada una, con su cuna y juguetes, el cariño por parte de las cuidadoras, que es algo tan fundamental en bebes, y que, aun teniendo los orfanatos muchas necesidades les daban todo lo posible…

A nuestra comunidad (Castilla y León) han llegado unos cuantos niños kazajos; en mi ciudad tan solo son tres, que sepamos, porque todavía hoy en día para algunas familias el tema de la adopción es tabú y deciden, cuando llegan con sus hijos, intentar olvidar las raíces y el país de origen. Nosotros tenemos una amiga con una hija también de allí, y nos solemos juntar para que los niños jueguen.

Mi hijo es el único niño kazajo que hay aquí y fue el primero en llegar de allí. Por eso, en cuanto llegamos, nos llamaron para entrevistarnos y para que contáramos nuestra aventura para las futuras familias que fueran al país. Si es peligroso y si es un país seguro son las preguntas que más nos han hecho… se nota que al no saber dónde está Kazajstán y al oír “stan”, mucha gente piensa que es un país terrorista o algo parecido.

Desde luego que, a nosotros, nos acogieron bien, quizá algo reservados y fríos, pero dicen que es su carácter, sobre todo por la dura climatología y por que no están muy acostumbrados a tratar con occidentales, por lo menos en la zona que estuvimos nosotros. De todas formas íbamos  ya predispuestos a lo que nos habían comentado algunas personas anteriormente, y por eso algunas cosas no nos llamaron tanto la atención. Intentamos, dentro de todo lo posible por nuestra parte, llevar las mismas costumbres que ellos, aunque algunas nos costaran más que otras, sobre todo el descalzarse nada más entrar  por la puerta, o la de parar un coche por la calle para que te lleve como un taxi.

Mi hijo siempre ha llamado la atención desde que llegó, sus rasgos no son nada vistos por aquí, son exóticos y, según algunas personas, es porque realmente no se sabe de donde es. Aquí no estamos acostumbrados a ver a una persona que tenga los ojos rasgados y que no sea chino o japonés; al principio incluso te molesta un poco que den por hecho que por tener los ojos de otra manera ya tenga que ser algo que no es, pero ahora pasas de todo y ya no te fijas en lo que te dice la gente o cuando notas que se dan la vuelta para ver si han visto bien. Ahora es divertido…simplemente vas orgulloso con tu hijo kazajo de la mano.

Nosotros somos de los que pensamos que aunque nuestro hijo es español, él siempre tendrá un lugar en su corazón para su país de origen, el que le vio nacer; sus raíces son kazajas y eso, desde luego, no se puede ocultar y además estamos bien orgullosos de ello. Por eso siempre le decimos que cuando él quiera y sepa lo que significa, algún día volveremos allí. A las montañas que nos dejaron impresionados, sus cumbres nevadas, sus estepas…a todo en general.

Nos gustaría que llegaran más niños kazajos a nuestra tierra, pero cada vez es más difícil y realmente es una pena, porque hemos estado allí y vimos cómo los niños nos miraban con sus caritas inocentes y dulces y preguntándose porqué no eran ellos los elegidos… Hoy en día existen unas 240 familias españolas con expedientes de adopción en Kazajstán que van a a ser devueltos de nuevo a España porque las leyes kazajas están cambiando; tendrán que volver a empezar de nuevo todo el papeleo. A estas familias no se les han respetado sus derechos, y esto significa, en muchos casos, años de espera. Algunas familias incluso han visto ya a sus hijos, y están esperando volver a viajar para recogerlos; con la entrada de la nueva ley no se sabe qué va a pasar, y al final quien lo paga  son los niños, son realmente los más perjudicados. Aunque la nueva ley sea, a largo plazo, para su bien, las cosas están ahora así.

Yo doy gracias porque nuestro hijo esté con nosotros, porque es la alegría de la casa…

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