Kirguistán: siete lecciones de 2011

TEXTO DE SHERADYL BAKTYGULOV

El año 2011 ha sido rico en acontecimientos políticos en Kirguistán. Incluso un breve resumen de estos sucesos provoca sentimientos encontrados, debido al hecho de que todos esos acontecimientos ocurrieron en el marco de la nueva Constitución, adoptada en junio de 2010.

De hecho, el Parlamento, formado sin la intervención directa del Presidente, comenzó a trabajar como un cuerpo independiente. Al mismo tiempo, el Gobierno también empezó su mandato, resultado de un compromiso entre los diputados del Parlamento (Jogorku Kenesh).

Las direcciones que tomarán los futuros movimientos han sido identificadas en base a dos posicionamientos. El primero tiene que ver con la adhesión de Kirguistán a la Unión Aduanera, junto a Bielorrusia, Kazajstán y Rusia, y el segundo, con la transformación del Centro de Tránsito en el aeropuerto Manás en una base civil y la creación de una compañía mixta rusa-kirguís para el abastecimiento de combustible para la misma.

El proceso de selección y nombramiento de jueces de la Corte Suprema y el Tribunal Constitucional ha sido visto, de alguna manera, como parte de un proceso de reforma del sistema judicial y no ha llegado a su conclusión lógica: el nombramiento de jueces. Finalmente, la elección del cuarto Presidente del país ha completado el periodo de transición respecto a los cargos, las estructuras y los mismos componentes del Estado kirguís.

¿Qué han aportado los políticos y sus decisiones al país y sus habitantes en 2011? Desde un punto de vista formal, prácticamente todos los órganos de gobierno de Kirguistán se han reformado. Con la excepción del sistema judicial. A pesar de que pueda parecer que se reformado, no ha sido así.

Sin embargo, los principales logros políticos del 2011 no son los nuevos poderes dados a los “viejos” órganos gubernamentales, ni los nombramientos de “viejos” conocidos en “nuevos” puestos. Los principales logros son las lecciones aprendidas sobre la existencia de “nuevos” órganos y las actividades de los “viejos” políticos en ellos.

Lección número uno

Desde el mismo momento de la adquisición de soberanía nacional, en Kirguistán ha surgido constantemente la cuestión del fortalecimiento de la gestión vertical del poder. ¿Qué significa esto? Simplemente, quiere decir que las personas que ocupan el poder ejecutivo, el judicial y el legislativo, así como los diferentes órganos gubernamentales, ven reforzados sus poderes. No cultivan maíz ni trabajan en comercios, pero son muy “costosos” para los contribuyentes.

Pero ejercitar las funciones del Gobierno es imposible sin ellos. Y ese es el principal problema. Los cargos de cualquier nivel de la administración están legitimados desde arriba por el Presidente o el Primer Ministro. Podría parecer que una orden o una instrucción da al cargo en cuestión poder y autoridad, pero en la práctica, el poder vertical nunca se ha sustentado en las bases.

Esto se confirma por el hecho de que los pasados levantamientos populares en la capital no causaron ningún intento por parte de oficiales estatales por mantener el statu quo. Hubo declaraciones de dos o  tres políticos acerca de su determinación de traer a los dos presidentes anteriores al país, e incluso ellos mismos no llegaron a entender por qué no había movimientos de masas que les apoyaran.

La realidad es que la burocracia y cargos administrativos, sin órdenes desde la cúspide del poder, buscaron una nueva autoridad para poder seguir sobreviviendo. Esto es una ventaja, ya que la mayoría de cargos y fuerzas de seguridad no pretendían quebrar la situación, a no ser que fuera para complacer a alguna persona de la cúspide.

Lección número 2

Las batallas políticas de 2011 han confirmado que los 20 años de práctica democrática en las instituciones han sido apenas una imitación. El país aún mantiene un sistema político basado en el autoritarismo vertical.

La realidad es que la transferencia de poder desde el Partido Comunista en 1991, reunido en una sola persona, hasta un grupo de 120 parlamentarios no condujo a la democratización y a una prosperidad económica en el país.

Más bien, se hizo evidente que los 20 años de “capitalismo salvaje” en Kirguistán han revelado que la verdadera fuente de autoridad está basada en la riqueza y los orígenes de los líderes. Los intereses de los poderosos no suelen coincidir, no sólo con los de la gente pobre, sino con la potencial clase media.

Los contribuyentes pagan el precio total de la democracia, pero apenas reciben una mueca de sonrisa del capitalismo, por ejemplo en la figura de los salarios, que pueden permitir vivir, pero sin que los dos extremos de la sociedad puedan acercarse.

Un resultado de esta imitación de democracia fue (y es algo extendido en todo el país ahora) la más simple e incomprensible forma de actividad política: correr detrás del más fuerte sin pensar siquiera por qué habría que seguirle. En esta situación, mucha gente humilde pueden ser persuadidos fácilmente para participar en algún tipo de política, incluida la basada en el súper presidencialismo o la autocracia tipo kanato.

Lección número 3

La gente entiende que el Gobierno es más una abstracción que algo concreto. La misma palabra “gobierno” puede ser rellenada con cualquier contenido; lo mismo puede decirse sobre la palabra “poder”.

Las estructuras de poder han sido generalmente separadas por la sociedad y existen en dos dimensiones:

  • como la vida cotidiana de la élite, aportando rumores y especulaciones, y
  • una serie de símbolos externos, como las matrículas especiales de coches oficiales, la seguridad personal, una gran oficina y un sillón de cuero.

El año 2011 nos ha enseñado que, muchas veces, entre la forma simbólica de gobierno y su significado real, a menudo hay poco en común.

Todas las Constituciones que hemos tenido estipulaban que el Gobierno es responsable ante el pueblo y que debe trabajar en su beneficio. La práctica ha enseñado que las autoridades han utilizado sus poderes para defender sus intereses, estrategias, programas, etc. Y no sólo eso, sino que para llevar a cabo esas prácticas han utilizado el dinero de los contribuyentes.

Ni el Gobierno ni el poder en general son percibidos ya por la población como la encarnación de la bondad. La tesis de que el Gobierno es siempre bueno ya no vale, porque, al mirar más allá de las palabras “estado”, “gobierno” o “poder”, lo que se ve es a gente real. El principio de “pregúntate que has hecho tú por tu país, no qué ha hecho tu país por ti” no es válido en Kirguistán. Las personas que mantienen el poder son prisioneros de sus propias actitudes y creencias y no representan ya la honestidad o la justicia.

Lección número 4

Los acontecimientos del año pasado han demostrado que las ideas de la población siguen basadas por doctrinas, tanto locales como extranjeras, que fueron muy populares en los siglos XVIII, XIX y principios del XX. A pesar de, en ocasiones, apelar a la originalidad de sus pensamientos, de hecho se sigue operando con conceptos de siglos pasados y la democracia moderna todavía convive con conceptos y categorías del s. XVIII.

Parece que no se ha inventado nada nuevo en los últimos siglos. Quiero decir algo apropiado para las necesidades del Kirguistán actual; se buscan nuevas posibilidades para el futuro sin mapas apropiados y brújulas adecuadas. Desafortunadamente, se intentará ajustar las realidades actuales y los desafíos futuros a marcos doctrinales obsoletos.

Lección número 5

Las discusiones sobre un Parlamento fuerte en Kirguistán, y sus relaciones con el presidente y el gobierno han mostrado una falta de entendimiento sobre el hecho de que la destrucción del antiguo régimen ha tenido lugar antes de la construcción efectiva del nuevo.

El viejo sistema de distribución de autoridad y responsabilidades se destruyó en junio de 2010, con la adopción de la nueva Constitución. El nuevo sistema de gobierno, ya en 2011, sólo tiene instituciones formales. Sus actividades aún están siendo rellenadas con contenido, pero la evaluación de la efectividad del Parlamento, el Presidente y el Gobierno ya se ha hecho.

Esta aproximación no es sólo falsa, sino que puede ser lamentable para el destino del país. La efectividad del nuevo sistema de gobierno aún no ha podido manifestarse.

El error está en el hecho de que, al evaluar a una persona en concreto, o a un grupo de personas, y cuando el resultado es negativo, la evaluación se extiende a toda la institución. Parecería que este error sugiere una propuesta lógica para la siguiente redistribución del poder; pero esta es una propuesta perjudicial.

Lo dañino es que los propuestos nuevos esquemas de redistribución del poder no resuelven ningún problema, aparte de establecer el control sobre el poder para el beneficio de otro grupo diferente de la élite.

Así que tenemos el siguiente dilema: ¿es el esquema propuesto mejor que el existente?, o ¿es el actual esquema peor que el propuesto? Desde el punto de vista de la élite, la respuesta es clara: el actual sistema es bueno, porque ellos están en el poder. Contrariamente, aquellos representantes de grupos de élite que ansían el poder afirmarán que el actual sistema es malo, porque ellos no tienen influencia, pero también es bueno, porque es el sistema que les permitirá acceder al poder.

Sin embargo, si el único propósito es acceder al poder y los recursos, y no se toman en cuenta algunas de las principales necesidades del pueblo, este camino llevará a nuevos cataclismos políticos, que podrían llegar hasta exactamente las mismas situaciones que se vivieron en 2005 y 2010.

Lección número 6

Una vez más, las protestas de 2011 mostraron que la reforma del sistema político está íntimamente relacionada con las reformas económicas. La “mano invisible” de un mercado subdesarrollado ha llevado a fallos en la economía que todavía no pueden ser cubiertas simplemente vendiendo oro y que se demuestra en el empeoramiento de las condiciones de vida de los habitantes del país.

Esta situación ha mostrado otra paradoja. El PIB crece, más o menos, pero la mayor parte de los ingresos fiscales proviene del mercado laboral, o más bien de los fondos salariales. Aproximadamente el 70% de los ingresos fiscales está relacionado, directa o indirectamente, con los fondos salariales. No es ningún secreto que esos fondos, en Kirguistán, son de los más bajos de todos los países de la CEI. La paradoja es: el factor de producción más oprimido, el mercado de trabajo, es el que crea la mayoría de los ingresos del país. En realidad, esto no es del todo real; la paradoja es resultado de una serie de proporciones distorsionadas.

Los indicadores del PIB del país sobre la paridad del poder adquisitivo indican que el gobierno ignora los ingresos de las rentas, que según algunas estimaciones es comparable con el presupuesto anual del país. La mayor contribución al crecimiento de los ingresos de Kirguistán no proviene del mercado laboral y el capital, sino de las rentas, del uso de la tierra y sus recursos naturales, transportes y comunicaciones, la posición monopolística de los productores de energía especialmente. El porcentaje de los ingresos por rentas pueden alcanzar el 76% del total. Pero hoy en día, el flujo de estos ingresos no termina en el tesoro estatal, sino que va al bolsillo de los que están en el poder, sus círculos más cercanos y empresarios que actúan en la semi legalidad.

En Kirguistán, las ideas de democracia y capitalismo han sido incompatibles entre ellas. Reformando la administración pública sin reformar las relaciones económicas, financieras y tributarias creará nuevas ideas de reorganización política. Es un círculo vicioso, que ha existido desde el año 2000, desde el inicio de otro “nuevo” parlamento.

Lección número 7

La mayoría de la población asocia democracia con elecciones. De forma general, las elecciones se han convertido en encuestas de opinión pública que dependen en cómo cada candidato aparece en la televisión. Al parecer, la democracia en Kirguistán es el proceso de elegir a los amigos o parientes de unos frente a los de otros.

¿Qué los diferencia a unos de otros? Cada nuevo candidato únicamente promete gestionar mejor el gobierno que sus oponentes. La democracia real exige alternativas políticas reales durante las elecciones. La ausencia de alternativas convierte las elecciones en una especie de ejercicio de lucha tribal, en la que un clan concreto es acusado por otro de todos los problemas del país.

Especialmente ahora, cuando los ciudadanos del país necesitan urgentemente partidos políticos con nuevas ideas que puedan ser debatidas en el futuro, se les ofrece disputas entre partidos que desean regresar a una especie de pasado mítico o que no tienen ningún programa de gobierno.

Conclusiones

Hemos pagado un gran precio para asegurar que los países de Asia Central y la CEI se den cuenta de la naturaleza ilusoria de soluciones simples de privatización y democratización para alcanzar la prosperidad. Para nosotros, en Kirguistán, es especialmente importante no sucumbir a esas tentaciones en el futuro.

La complejidad de la actual fase de transformación política no significa que se deba regresar a las teorías y doctrinas que emergieron tras la II Guerra Mundial y no sirve de argumento a favor de un sistema centralizado como el soviético.

Nuestros ciudadanos han sido testigos durante demasiado tiempo de las estrategias abiertas de compra y venta del poder. Como resultado, una actitud cínica frente a los valores de la misma sociedad corroe el gobierno.

¿Repetiremos los mismos errores del pasado? La democracia se fundamenta en la compatibilidad entre los ciudadanos, pero estos no trabajan duro para conseguirlo; el objetivo de conseguir esa compatibilidad debería ser una tarea de los propios ciudadanos.

Los resultados de 2011 muestran que, en 2012, los ciudadanos de Kirguistán deberán encontrar una solución a este problema. Y hay dos opciones.

La primera se centra en dotar de significado real al sistema democrático de gobierno, desarrollarlo y transformarlo en formas más modernas de democracia.

La segunda es continuar el camino hacia un estado autoritario, que antes o después, volverá a devorar a sus ciudadanos y a sí mismo.

Las dos opciones tienen más o menos el mismo número de apoyos. Así que la probabilidad de cometer errores pasados es del 50% Una pregunta permanece abierta: ¿cuál sería el precio que habría que pagar esta vez?

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