Kirguistán después de las elecciones

TEXTO DE SABINA REINGOLD

El año pasado, en Kirguistán, terminó más o menos bien. El 30 de octubre se celebraron elecciones presidenciales, teniendo lugar el primer traspaso pacífico de poder en toda la historia del Kirguistán independiente.

Actualmente nuestro presidente es Almazbek Atambaev. Poco tiempo después de su inauguración en el cargo, Atambaev encargó la formación de una nueva coalición de gobierno a su propio partido, el Socialdemócrata (SDPK). Hay opiniones en el país que afirman que esta decisión fue tomada para reforzar su propio poder; y puede que esto no se aleje de la realidad.

Por ejemplo, el politólogo kirguís Sergey Masaulov, es de esa opinión, confirmando que el presidente habría tomado la decisión correcta para reforzar su poder y la influencia de su partido. Para él, esa decisión ha sido correcta porque, en estos momentos, Kirguistán corría el riesgo incluso de división.

Otro politólogo, Valentin Bogatyrev, en una conferencia de prensa el pasado 18 de enero, expresó la idea de que en la próxima primavera tendrá lugar una crisis parlamentaria. En el mismo evento, un diputado del partido Ar-Namys, por el contrario, negaba que se esperaran conmociones importantes en el parlamento.

“La coalición de gobierno que se ha formado es estable, y debe serlo más que la anterior. No creo que vaya a haber problemas en un futuro cercano; la situación en el parlamento, que puede parecer muy tensa a algunas personas, es simplemente uno de los componentes normales de una república parlamentaria”, dijo el diputado.

Almazbek Atambaev

En los últimos años, Kirguistán a vivido numerosas conmociones. En 2010 tuvo lugar el segundo remplazo violento del poder. Después, en junio, tuvieron lugar los trágicos acontecimientos en el sur del país. Por eso la mayor parte de la población espera que Almazbek Atambaev cumpla su promesa de mantener la estabilidad; y también que mejore la situación socioeconómica. Es muy probable que, si esto no ocurre, la situación en el país empeorará. Eso es, al menos, lo que piensa Sergey Masaulov.

La situación política puede empeorar pronto si la situación económica no mejora. Pero las esperanzas sobre esto no son grandes: si no se resuelve el problema con los créditos, el país sufrirá una crisis presupuestaria. También se espera un aumento de las tarifas del gas y la electricidad. El coste de la vida en Kirguistán se encarece a causa de la inflación. Es muy importante el hecho de que el clima para los inversores ha empeorado; los empresarios y comerciantes viven una espera inquieta. Porque, por ejemplo, si Kirguistán entra en la Unión Aduanera (con Rusia, Kazajstán y Bielorrusia), el país tendrá que resolver muchas cuestiones relativas a la participación en la Organización Mundial del Comercio”, nos cuenta Masaulov.

Una de las cuestiones sociales más interesantes será la existencia de una oposición fuerte. Actualmente, la oposición está representada por el partido Atá-Yurt y su líder, Kamchybek Tashiev, que fue uno de los principales candidatos presidenciales en las pasadas elecciones. Pero hay pocas posibilidades de que su grupo pueda cambiar algo o influir decisivamente en algunas de las decisiones del gobierno. Esta opinión es compartida por Dastan Bekeshev.

“Al hablar sobre la oposición en el parlamento, no estoy seguro de que el único partido de oposición, que tiene sus propias contradicciones interiores, presente un peligro serio para la presente coalición”, dice Bekeshev.

Sin embargo, también afirma que si el gobierno no consigue cambios serios, la influencia de la oposición se reforzará mucho.

Pero, como dice un refrán ruso, la esperanza es lo último que muere, así que esperamos que la situación mejore…

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