Kazajstán: aliado inesperado, mercado singular

TEXTO DE NICOLÁS DE PEDRO, INVESTIGADOR DE CIDOB

La fluidez de las relaciones hispano-kazajas puede sorprender a muchos. La presencia de España en el conjunto del espacio euroasiático es todavía modesta. Sin embargo, Kazajstán y Asia Central figuraron entre las prioridades de la presidencia española de la UE durante el primer semestre de 2010 y España suele aparecer mencionada como uno de los socios claves para Kazajstán en su estrategia de acercamiento a Europa. Las relaciones económicas y empresariales, aun siendo escasas, están en plena expansión y para algunas empresas en particular son relevantes. El viaje del presidente Zapatero a Kazajstán durante el pasado mes de Junio tiene una innegable motivación económica, pero a diferencia de otros recientes impulsados por las urgencias de la crisis, la visita a Astaná se enmarca en el contexto de la una relación bilateral más establecida y consolidada.

En este proceso, los vínculos personales y muy particularmente el papel jugado por el rey Juan Carlos, han sido un elemento clave. La conocida amistad entre el Rey y el presidente Nursultán Nazarbáyev ha sido el motor de la dinamización de las relaciones entre los dos países. El intercambio de visitas entre ambos mandatarios (oficiales, privadas y escalas técnicas) ha sido relativamente frecuente e inusitado, si consideramos el bajo perfil que aún mantiene la diplomacia española en Asia. Nazarbáyev ha visitado España en al menos siete ocasiones y el Rey ha viajado a Kazajstán cinco veces. Algunas de estas visitas han tenido un notable valor simbólico como la presencia de Nazarbáyev en la boda del príncipe Felipe, en mayo de 2005, o su visita en julio de 2008 a la residencia veraniega de los reyes en Palma de Mallorca. En sentido inverso, cabe destacar el viaje oficial de los Reyes a Kazajstán a finales de junio de 2007, tras su visita a China. Las visitas de menor rango han sido menos frecuentes, aunque algunas han tenido un impacto significativo.

El vínculo hispano-kazajo se fortaleció con el activo respaldo de la presidencia española de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) de 2007 a la candidatura kazaja para presidir esta organización en 2010 y quedó sellada con la firma en julio de 2009 de un acuerdo de asociación estratégica entre ambos países.

El rey Juan Carlos I y Nursultán Nazarbayev. 
Fotografía de Casa Real

El reforzamiento de los vínculos políticos ha ido acompañado de un aumento de los lazos económicos. Como suele suceder en el conjunto del espacio postsoviético, existe una estrecha relación entre las élites políticas y económicas. Por ello, unas relaciones políticas fluidas son imprescindibles para acceder a numerosas oportunidades de negocio. Así por ejemplo, no está de más destacar que el gobernador del Banco Central y frustrado candidato para presidir el FMI, Grigori Marchenko, es cónsul honorario de España y habla fluidamente nuestro idioma. La presencia empresarial española tiene en Talgo su buque insignia. Almaty y Astaná, antigua y nueva capital respectivamente, están unidas diariamente por dos trenes de fabricación española. Se trata de los primeros trenes occidentales que cruzan las estepas kazajas y han reducido a la mitad el tiempo necesario para recorrer los más de mil kilómetros que separan ambas ciudades. El conocido como “tren español” ha contribuido a generar una positiva imagen de la marca España y a convertir Kazajstán en uno de los pocos países del mundo donde ésta se asocia con productos de tecnología punta. La presencia de la ferroviaria española no hará sino crecer con la próxima inauguración de una planta de ensamblaje en Astaná en colaboración con Temir Zholy, la compañía estatal kazaja. Por su parte, Repsol participa en un yacimiento offshore en el norte del mar Caspio. Indra ultima su desembarco y otras firmas como Tous, Zara, Mango, Gallina Blanca o Pascual operan desde hace tiempo en el mercado kazajo.

Con todo, la presencia española sigue siendo considerablemente menor que la de otros países europeos como Alemania, Reino Unido o Italia y existe una amplio margen para su incremento. No obstante, la cautela y el realismo son necesarios frente a los cantos de sirena provenientes de Kazajstán y los otros países de la región ricos en hidrocarburos y minerales estratégicos (Turkmenistán y Uzbekistán). En su conjunto, Asia Central es un mercado pequeño, fragmentado regionalmente, con unos niveles de renta bajos y con la excepción, incluso discutible, de Almaty, Astaná y Tashkent no existen grandes urbes que ofrezcan economías de aglomeración. Ello unido a su lejanía y deficientes conexiones con los flujos internacionales explica que no es (y no puede ser) un mercado prioritario para la Administración española. Además, los déficits de gobernabilidad y debilidad institucionales condicionan el espectro de las empresas con capacidad para aventurarse en los mercados locales. Por todo ello, conviene identificar los nichos en los que existen oportunidades reales y en los que España tiene capacidad competitiva. Un mayor conocimiento propio e inteligencia económica que permitan aprovechar de forma más consistente el despliegue español serían deseables. Así por ejemplo, una comprensión más profunda del funcionamiento interno de Kazajstán y las demás repúblicas –más allá del primer círculo presidencial– es necesaria. Conviene no perder de vista que España llega con cierto retraso a la región y eso supone que ya se han tejido unas densas redes de intereses y de contactos con el exterior que dificultan la penetración española. Jugarlo todo a la carta de las ‘excelentes relaciones al más alto nivel’ puede resultar insuficiente.

En líneas generales, Kazajstán y Asia Central demandan grandes infraestructuras y energías renovables. Incluso países en una situación económica complicada como Tayikistán dedican considerables recursos a algunas grandes obras públicas. Es decir, áreas en las que algunas grandes empresas españolas (FCC, Abengoa, TR, Iberdrola, Isolux Corsán) son altamente competitivas internacionalmente. La cercanía de China y su voluntad de convertir a la región de Xinjiang en el polo de desarrollo de la Eurasia interior suponen un enorme desafío. Sin embargo, su presencia despierta recelos en Kazajstán y otras repúblicas temerosas ante el enorme potencial y empuje de Pekín que las aboca a convertirse en meras provincias económicas de su vecino asiático. De igual forma, actores como Japón, Corea del Sur, los países del Golfo, Irán o Indonesia, juegan un papel creciente en el panorama económico y financiero centroasiático. Lo cual significa, que el análisis de situación que se elabore desde España ni puede ni debe sustraerse de un contexto regional más amplio, multilateral y dinámico. De hecho, la penetración española tendrá muchas más opciones si aprovecha las oportunidades de financiación multilateral que si restringe su acción al marco bilateral. En este sentido, el programa de cooperación económica regional CAREC (en sus siglas en inglés), que agrupa a diez países de la zona y está respaldado por seis instituciones multilaterales es fundamental.

La actual crisis económica ha generado un notable pesimismo y escepticismo entre muy amplios sectores sobre la capacidad, e incluso la idoneidad, de que España tenga una agenda internacional ambiciosa (potencia media de alcance global). Sin embargo, no será a través del aislamiento cómo se conseguirá fortalecer la economía y garantizar el bienestar de la ciudadanía española, sino precisamente a través de una acción exterior consistente, audaz y que conlleve una presencia activa de España en aquellos escenarios, como Asia Central, en los que se dirimen las relaciones internacionales.    

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