Balbali, testigos mudos de piedra

Cualquiera que investigue un poco sobre Asia Central y Kirguistán por internet, enseguida se dará cuenta de que no es una zona en la que abunden los grandes monumentos históricos; a excepción de ciudades legendarias como Samarkanda o Bujará, gran parte del territorio fue ocupado históricamente por pueblos nómadas que no construían edificios de manera definitiva. Su forma de vida, siempre trasladándose de un lado a otro con sus yurtas hacía que no fuera necesario tener palacios, templos o casas de piedra e instaladas en un sitio concreto. 

Sin embargo, hay algunas excepciones, y sí quedan algunos restos físicos de los pueblos que vivieron en el actual Kirguistán. 

Hoy os vamos a presentar a los balbali, unas preciosas estatuas que se levantan en diferentes zonas de Asia Central y de las que en Kirguistán hay muy buenos ejemplos. 

Para empezar, tenemos que aclarar que balbali es el plural de balbal, que es como se llamaría cada una de estas estatuas. 

Hemos estado investigando y, como ocurre con muchos otros aspectos de la cultura de Asia Central, no hay nada claro ni sobre el origen, ni sobre la función de estas estatuas… 

Sí parece que la propia palabra balbal vendría a significar, en idioma túrquico antiguo, “estatua” o “piedra inscrita“. Tampoco está muy claro cuándo se levantan los balbali por primera vez. Los estudios que se han hecho, en los que se analizaron los restos que aparecieron en los alrededores de las estatuas, parecen indicar que no existían antes del s. VI, y que dejaron de colocarse alrededor del s. X, coincidiendo con la extensión del Islam por la zona, lo que cuadraría con la incompatibilidad de esta religión con las representaciones de ídolos. 

Esa podría ser la razón por la que no hay apenas ejemplos de estas estatuas en el sur de Kirguistán, donde el Islam tuvo más importancia desde su llegada. Por el contrario, la mayoría de los balbali de Kirguistán se encuentran en el norte, en Chui, Talas y la región de Issyk-Kul, donde el estilo de vida nómada (y su cultura y probablemente creencias) se mantuvo hasta la llegada de los colonos rusos y, después, hasta la definitiva implantación del estado socialista soviético. 

Y si sabemos (más o menos) cuándo y por quién se levantaron estas estatuas, ¿sabemos para qué servían? ¿Que querían decir los pueblos que las pusieron donde permanecen siglos después?

Pues la respuesta es vaga, para variar… En un principio, se dio por hecho que las estatuas representaban a jefes guerreros, y que las estatuas se levantaban o bien para representar su control sobre una zona concreta, o para recordarle una vez muerto. Esto, seguramente, se debió a que la inmensa mayoría de los balbali que se encontraron representaban a hombres, muchos de ellos con espadas, en actitud seria, desafiante. 

Sin embargo, pasado el tiempo se descubrió que había balbali en las que la figura tenía una copa, o una vasija. Mayor desconcierto en el mundo académico hubo cuando se descubrieron estatuas que representaban a mujeres, lo que parecía contradecir la teoría del jefe guerrero… De hecho, a día de hoy hay catalogadas una cierta variedad de ellas, entre las que se incluyen hombres solo con espadas, con espadas y vasos,  de hombres y mujeres sujetando con ambas manos una vasija e incluso algunas, menos comunes, en las que la figura sostiene un animal o un instrumento musical.  

Por esta razón, se ha ido asentando la idea entre los estudiosos que, en realidad, la razón de estas estatuas se encontraba en la de recordar a un personaje importante de la tribu cuando éste fallecía. Ya fuera el jefe o cualquier otra persona importante para la vida del grupo.

Parece demostrado que, entre los pueblos túrquicos de la época en la que se levantaban los balbali, cuando moría alguien notable de un grupo, el rito funerario se retrasaba mucho en el tiempo (en ocasiones incluso meses) para permitir que parientes o aliados lejanos tuvieran noticia de la muerte y viajaran hasta la tribu de origen del fallecido para asistir a los funerales. El cadáver, que habría sido incinerado poco después de morir, era entonces enterrado junto a la estela de piedra, para dejar constancia de su paso por este mundo. 

Es evidente que no es más que una teoría de las posibles que puedan existir, pero sí parece que hay suficientes pruebas de enterramientos de personajes importantes de una tribu junto al que hay una balbal en su honor. De hecho, en otras zonas de Asia Central, existen balbali en las entradas de templos, y verdaderos complejos conmemorativos con otras estelas menores representando a familiares o sirvientes… 

En Kirguistán no existen ejemplos de ese tipo, pero la variedad de balbali es una de las mayores de Asia Central. Hay dos zonas concretas donde se reúnen gran parte de ellos. Una es la explanada que se extiende a los pies de la torre de Buraná y en los alrededores de Issyk-Kul, donde se agrupan junto a preciosos ejemplos de petroglifos prehistóricos. 

Habría mucho que leer e investigar sobre estas estelas que no dejan indiferente a los visitantes que las ven de cerca, aunque lamentablemente parece que la literatura sobre el tema no es demasiado extensa… Pero tampoco es nuestra intención hacer un Doctorado sobre el tema aquí, y esperamos que os haya interesado lo suficiente para investigar por vuestra cuenta. 

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